La planta alcanza en esta época del año uno de sus momentos de máximo apogeo | Gemma Andreu

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Como cada invierno, la vinagrella borda se deja ver en los campos de Menorca, convirtiéndose su presencia en un auténtico espectáculo para la vista. Esta planta, cuyo nombre científico es Rumex bucephalophorus, comienza a florecer a finales de noviembre, pero no alcanza su máximo esplendor hasta estos días, como se puede comprobar en un buen número de parajes de la Isla.

Pero el bonito efecto que produce su potente color amarillo y el contraste con el verde de los campos no nos puede hacer pasar por alto que esta plata, también conocida bajo el nombre de flor de avellana, está catalogada como una especie invasora. Explica el botánico menorquín Cristòfol Mascaró que todos los estudios apuntan a que se trata de una flor originaria de Sudáfrica que pudo llegar a Europa en el siglo XVIII de la mano de la colonización inglesa. Al parecer, los británicos, unos grandes aficionados al mundo de la jardinería, fueron los responsables de que la vinagrella llegara a la Isla en el siglo XIX.

Se trata de una planta que tal y como explica Mascaró está muy extendida en Menorca. Y es que según un estudio de la Universitat Autònoma de Barcelona, las Islas son espacios especialmente vulnerables a las invasiones de plantas exóticas. Añade Mascaró que se trata de flores difíciles de erradicar y que resultan perjudiciales para la agricultura, aunque por suerte, sus condiciones no le permiten penetrar en comunidades naturales como bosques y encinares, y su presencia se suele limitar a las orillas de la carretera y las fincas.