A la espera de que se acometa la reforma del segundo tramo de la calle, el Cós de Gràcia ha vivido un cambio profundo tanto estética como funcionalmente | Gemma Andreu

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Un aplauso unánime al resultado estético de las obras, pero muchos 'peros'. Vecinos y comerciantes del Cós de Gràcia de Maó valoran el resultado de unas obras que nueve meses y 887.000 euros después, han dejado irreconocible esta importante arteria viaria del municipio. La ampliación de las aceras, la retirada de la línea de aparcamientos y el nuevo mobiliario urbano convierten la calle en un paseo, sin embargo, entre otras cosas, preocupan aspectos como la seguridad, su capacidad de absorber las lluvias y la velocidad que siguen tomando los vehículos.

Las variadas opiniones recabadas por este diario tienen un denominador común: el nuevo Cós ha quedado muy bien y además invita a pasear ya que tal y como se ha concebido se convierte en una prolongación del centro. Es una buena noticia tanto para los comerciante, como para los vecinos, que entienden que se ha ganado espacio para los peatones en una vía donde la velocidad de los coches ha quedado limitada a 30 kilómetros por hora.

Ese es precisamente uno de los aspectos que los usuarios no ven claro. Pese a la prohibición y probablemente empujados por la costumbre, los vehículos «no están respetando el límite». La percepción es generalizada y preocupa en un doble sentido. Por un lado, por la situación de inseguridad que se genera, teniendo en cuenta que la calzada ha quedado a la misma altura que las aceras. Por otro, por las molestias que genera, sobre todo de noche, momento en que los conductores se ven más libres para sobrepasar el límite de velocidad marcado.

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