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El economista y profesor José M. Gay de Liébana conoce Menorca desde 1978 y pasa aquí temporadas siempre de descanso. Pero como Menorca no está aislada de los vaivenes económicos, ayer desarrolló sus mejores dotes de comunicador, que son muchas, para explicar por qué nos hemos subido a la ola de la recuperación y por qué hay un gran número de peligros en el horizonte, «grandes montañas -dice- en el momento del despegue».


«Hay que abrirse»

El profesor no pudo evitar valorar algunas cuestiones de la economía menorquina. Ya casi en la despedida, y desoyendo el consejo de su mujer, se atrevió a preguntar: «Por qué no abren ustedes los domingos en agosto?». Comentó que a Menorca le hace falta «abrirse al mundo». Añadió que aquí se come «la mejor verdura, queso, pescado, carne y sobre todo langosta de todo el mundo» y que «no hay en todo el planeta una puesta de sol como la de Binisafúller» y que, a pesar de todo ello, Menorca no es conocida, no tiene una marca reconocible. «Hay un problema de posicionamiento», concluyó.

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