Imagen de mosquitos tigre y sus larvas | CAIB

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El mosquito tigre «es una especie que ha venido para quedarse» que su erradicación es imposible, de manera que solo una correcta gestión del agua municipal y particular puede ayudar a reducir su incidencia, ha advertido este martes el jefe del servicio de Especies Protegidas, Joan Mayol.

Mayol ha participado en la reunión del Grupo de trabajo Acción del Mosquito Tigre convocada por la Conselleria de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca, y que se reúne cada medio año para determinar la estrategia de actuación y la coordinación entre administraciones contra esta especie invasora que fue detectada en Mallorca en 2012, ha informado el Govern en un comunicado.

Este grupo de trabajo es una herramienta de cooperación institucional que se reúne desde 2012 porque la actuación contra este insecto «supera el ámbito municipal», ha asegurdo la directora general de Espacios Naturales y Biodiversidad, Caterina Amengual, quien ha presidido la jornada.

En el grupo están representados los consells, ayuntamientos, la Conselleria de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca, la de Salud y el Laboratorio de Zoología de la Universidad de las Islas Baleares.

Mayol ha confirmado la presencia de mosquito tigre en Menorca (concretamente en el Polígono Industrial de Maó), Mallorca y Eivissa, sobre todo en «las zonas del litoral», y ha admitido que esta especie «ha venido para quedarse».

«La única posibilidad es la implicación municipal y también particular en gestionar el agua en casas, solares y jardines de una manera adecuada para reducir la incidencia, pero no hay ninguna posibilidad de que sea erradicada», ha asegurado.

Mayol ha insistido en que se deben evitar «pequeños depósitos de agua en macetas o plantas, ya que el mosquito tigre no cría en piscinas o grandes balsas», y ha recordado que «si los depósitos de agua no se mantienen durante quince días las larvas acuáticas mueren», y al eliminarlas se evita que el mosquito prolifere.

También ha explicado que esta especie se refugia en lugares sombríos y calientes, por lo que «es frecuente que se refugien en los coches y lleguen a los puertos de las Islas Baleares de la Península o de otras islas».