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Las cofradías de Semana Santa de Menorca vivieron ayer, en la noche del Viernes Santo, la jornada más emblemática de la piedad popular menorquina. A lo largo de la tarde, las parroquias celebraron la Pasión del Señor, el oficio más sobrio del año, donde se revivió la condena y la muerte en la cruz de Jesús. Al anochecer, en Ciutadella, la procesión del Santo Entierro salió de la Catedral para realizar el recorrido por el núcleo antiguo de la ciudad. 

El obispo Joan Piris presidió el itinerario de los cofrades y penitentes, con la majestuosa imagen de los pasos de las cofradías cuidadas al detalle y expuestas en todo su esplendor, ofreciendo estampas de sobria belleza plástica vividas con devoción popular. La procesión de las siete cofradías de Ciutadella escenificó los hechos de la Pasión tal como son narrados en los Evangelios, con un recorrido lento y silencioso entre las estrechas calles históricas de la ciudad.

Encabezó la procesión el paso de la entrada de Jesús en Jerusalén, portado por la Confraria Hossanna de Sant Rafel; seguido por el paso de Jesús orando en el Huerto de los Olivos, de la Confraria de la Bona Mort de Maria Auxiliadora. Siguiendo el orden, la Banda de Música, con Joan Mesquida a la cabeza, entonó el acompañamiento con marchas de procesión.  La comitiva continuó con el grupo escultórico de Jesús portando la cruz, paso de la Confraria de Jesús de Natzaré de la Església de Sant Francesc, con sus capirotes y penitentes. Tras el Nazareno, desfilaron los fieles laicos portando cirios encendidos.

A continuación, desfilaba una de las imágenes de mayor devoción popular, con título de sagrada, el Sant Crist dels Paraires, portada por su cofradía. Erigida en la Catedral, la Confraria de la Pietat portaba el conjunto de la Virgen sosteniendo en sus brazos a Cristo, acompañada por su banda de cornetas y tambores. También erigida en la Catedral, seguía la imagen de la Confraria de Sant Guillem i Santa Escolàstica, vinculada al gremio de los payeses.

Con la Capella Davídica por delante, la antiquísima Confraria del Sant Sepulcre de la Catedral, con sus característicos pelegrins, paseó el conjunto escultórico de Jesús muerto, obra del ebanista Mestre Arnau. A la que seguía otra de sus obras, «La Soletat», de la Confraria de la Soletat o dels Justs, también erigida en la Catedral, con la presencia final del clero y el obispo Joan Piris, cerrando la comitiva del Santo Entierro que despertó respetuosa expectación a su paso.

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De regreso a la Catedral y como final de la procesión, se pronunció el tradicional y emotivo Sermó de la Soledat, que despidió la celebración del Viernes Santo en Ciutadella.

Maó

En Maó, las distintas cofradías que tenían que participar en la procesión del Santo Entierro fueron llegando a la Plaça Constitució para poder tomar parte en el inicio del recorrido previsto para las 20.30 horas. Participaron en el encuentro las siete hermandades de la ciudad, del Vía Crucis, de San Pedro Apóstol, de Nuestra Señora de la Piedad, de la Sang, del Sant Sepulcre y los centuriones de San Cornelio, además de los cofrades de la Soledad de la parroquia de Santa María, que como siempre, cerraban la procesión junto a su rector, Llorenç Sales.

El luto por la muerte de Cristo se hizo patente en todo el recorrido, con las notas tristes de los instrumentos de las bandas de las distintas hermandades que acompañaron los pasos, y también por una leve lluvia que se sumó a la melancólica jornada. Finalmente, de regreso a la plaza, el párroco de Santa María pronunció el Sermón de la Soledad.

Las de Maó y Ciutadella no fueron las únicas procesiones del Santo Entierro que se celebraron en la Isla. También a las 20.30 horas tenía que iniciar su recorrido la de Ferreries, y media hora más tarde lo hicieron los hermanos de las cofradías de las parroquias de Sant Cristòfol, de Es Migjorn Gran, de Sant Martí, de Es Mercadal, y de la parroquia de Sant Lluís.

Estas procesiones han precedido los actos de hoy. Cada parroquia celebrará la Vigilia Pascual, y ya el Domingo de Pascua se revivirá la Resurrección de Cristo.