El economista Pere M. Pons Ester, durante su intervención en el Museu de Menorca. | Javier Coll

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El economista Pere M. Pons Ester visualizó y analizó, con una perspectiva de cincuenta años, cuáles serán los retos y las oportunidades de la Menorca del 2066. Su intervención, en un tono ameno y al mismo tiempo crítico, no defraudó al gran número de asistentes a la última conferencia del ciclo «(re)Pensar Menorca».

¿Cuál es la Isla que hallarán nuestros herederos?, preguntó Pere Pons, que respondió desde cinco grandes coordenadas: virtualización, déficit de servicios sociales, recursos hídricos, energías limpias y sedentarismo-obesidad.

Tras definir a los menorquines como «nostálgicos, tozudos y orgullosos» y la lectura de una glosa escrita por su padre en 1926, afirmó que Menorca es una sociedad que debe evolucionar. Para ello ha de aprovechar el «potencial enorme» de las redes sociales, que califica como una oportunidad y un gran reto, porque permiten acceder desde Menorca al mercado global.

Propugnó el activismo social y el voluntariado, para lo que puso como ejemplo la recuperación de la Illa del Rei. Pidió que cada uno dedique diez horas al año al activismo social, lo que debería institucionalizarse. En las multinacionales de Estados Unidos ya se practica al dedicar tres días al año al voluntariado.

Para Pere Pons, los recursos hídricos y la depuración de las aguas constituye la prioridad número 1 de Menorca: «Primero son los acuíferos en buen estado antes que los talayots», subrayó.

Contundente, añadió que «representa un problema grave que no queremos ver al confundir el ecologismo con la hipocresía ambiental, ya que cuestionamos no sé que rotondas de la carretera mientras se están deteriorando los acuíferos; todo ello con un eco mediático desequilibrado, porque el primer gran problema de Menorca es el agua. Estamos aplicando soluciones cortoplacistas cuando debemos pensar en las generaciones futuras».

«Energías limpias en los paisajes de toda la vida»

Menorca debe aplicar las energías limpias, manifestó Pere Pons, que apuntó las fórmulas de las placas solares y la energía eólica «para aprovechar la tramontana en una isla marcada por el viento».

Audaz, defendió la compatibilidad de estas infraestructuras en «los paisajes de toda la vida» y propuso encargar a los artistas de Menorca que pinten, cada uno con su propio estilo, los molinos de viento.

Calificó de «retrógado e insulto medioambiental» que los menorquines gasten 250 millones de euros en combustibles fósiles. «Hay que actuar y decidir cómo se implantan ya las energías limpias, en la isla de El Hierro se ha conseguido. No depende de nadie más que de nosotros. Es una actuación urgente e inaplazable», concluyó.