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La madrugada de este domingo, 25 de marzo, a las 02.00 horas serán las 03.00 horas y dará comienzo el horario de verano, que se extenderá hasta el último fin de semana de octubre, cuando el reloj volverá al horario de invierno.

El cambio horario forma parte de la Directiva Europea que afecta a todos los Estados miembro de la Unión Europea con el objetivo de aprovechar mejor la luz solar por la tarde. Por tanto, el cambio es obligatorio y siempre se produce en las mismas fechas y horas en el conjunto de la UE, de modo que no existe la posibilidad de que un Estado miembro no aplique este cambio de hora.

La Comisión Europea asegura que la medida tiene impactos positivos en el ahorro energético, en los sectores de transporte, comunicaciones, seguridad vial, condiciones de trabajo, modos de vida, salud, turismo o el ocio.

Según el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital el cambio de hora se remonta a la década de los 70, con la primera crisis del petróleo, cuando algunos países decidieron adelantar el reloj para aprovechar mejor la luz natural del sol y consumir menos electricidad en iluminación. Desde 1981 se aplica como directiva que se renovaba cada cuatro años hasta la aprobación de la Novena Directiva, del Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión, en enero de 2001, que establece el cambio con carácter indefinido. En España, la Directiva se incorporó al ordenamiento jurídico nacional mediante el Real Decreto 236/2002 de 1 de marzo.

Según estimaciones del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, el potencial de ahorro en iluminación en España podría representar en torno al 5 por ciento del consumo eléctrico en iluminación, que equivale a unos 300 millones de euros.

De estos, unos 90 millones corresponden al potencial de los hogares españoles, ya que a cada uno se le supone un ahorro de seis euros, mientras que los otros 210 millones restantes se deben al ahorro en edificios del terciario y en la industria.

Sin embargo, para llegar a este ahorro se debe realizar un comportamiento responsable en el hogar a la hora de prescindir de la iluminación artificial cuando no es necesaria, así como utilizar tecnologías de ahorro en iluminación por aprovechamiento de la luz natural en edificios del terciario y en industrias.

Estas tecnologías ampliamente experimentadas consisten en fotocélulas o sensores de luz que apagan o regulan la iluminación artificial en función de la luz natural aportada a la zona, a través de ventanas o lucernarios.