El sector ganadero de Menorca se ve obligado a reorientar su actividad de producción para sobrevivir. | Gemma Andreu

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Cinco payeses profesionales han abandonado su labor productiva en el campo en lo que va de año. Así lo confirman las fuentes del sector y manifiestan que el cierre de las explotaciones agrarias se debe, principalmente, a la baja rentabilidad que ofrece la producción y comercialización de la leche, que siempre había sido su principal fuente de ingresos.

«En los años ochenta todos los ganaderos centraban sus esfuerzos en producir grandes cantidades de leche ya que se vendía perfectamente», apunta el director insular de Medio Rural, Miquel Truyol. Sin embargo, en la actualidad y desde hace varios años, el bajo precio de la leche no permite a sus productores obtener suficiente margen de beneficio.

En Menorca es Coinga la única empresa que comercializa leche líquida, quien marca el precio de referencia en 30 céntimos el litro. «Un precio injusto que tan solo permite cubrir costes de producción. El motivo por el cual este año se han cerrado ya cinco explotaciones», se lamenta la presidente de Unió de Pagesos de Menorca, Margarida Llambias.

Por su parte, el presidente de la Asociación de Empresarios de Explotaciones Agrícolas de Menorca (Agrame), Luis Nadal de Olives, considera «ridículo» el precio citado y añade que este viene impuesto por las grandes superficies. «El mercado de la leche está en crisis desde hace unos años y la culpa es, sobre todo, de las grandes superficies», sentencia.

Los mismo opina el presidente de la Federación Agrícola y Ganadera de Menorca (Fagme), Pau Bosch, que también tiene claro que el problema más grave de los ganaderos «es el precio final que se les paga» y que, poco a poco, va sentenciando a las fincas.

Asimismo, Bosch añade que, en el caso de Menorca, la insularidad es otro factor influyente ya que dispara los costes de producción para exportar la leche.

En zonas como Catalunya el precio que se paga a los productores por el litro de leche aumenta entre dos y tres céntimos respecto a Menorca. Pese a ello, España, con un promedio de 0,3087 céntimos el litro, sigue estando a la cola de Europa en este sentido, que alcanza el precio medio de 0,3244 euros.

Ante la situación, el sector ganadero de la Isla se ha visto obligado a incorporar otras actividades de producción con tal de subsistir. «El campo se está reconvirtiendo y la producción de las fincas va cambiando», asegura Miquel Truyol. Una de las alternativas más claras al negocio de la leche es la elaboración de queso, cuya venta va aumentando con los años. «Ahora la tendencia es intentar convertir el máximo de litros de leche en queso, que se vende y conserva mejor», apunta el director insular.

En este sentido, Luis Nadal de Olives recuerda que la leche es un producto perecedero y que si no se le da salida al momento, se estropea. Un problema no atribuible al queso, que puede almacenarse.

Por otra parte, pasar «de la vaca de leche a la vaca de carne», es otra opción para el sector ganadero, tal y como señala Truyol. «En definitiva, se trata de adaptarse o elaborando queso o vendiendo ganado de carne», resume por su parte Margarida Llambias.

Pese al hecho de que cinco productores hayan abandonado el campo, la realidad es que no se ha perdido el suelo agrario. Dicho de otro modo, ello no implica, necesariamente, que la superficie se cierre definitivamente o que no se adopte en ella otro tipo de producción. De hecho, incluso sus vacas suelen redistribuirse a otras explotaciones, de modo que tampoco se dan de baja. De ahí que la reducción del censo bovino en la Isla sea mínima. Según los datos publicados por el Govern balear, entre 2016 y 2017 el número de ejemplares tan solo habría bajado en 27.

De cualquier forma, el hecho de que los ganaderos menorquines se vean obligados a retirarse por no obtener beneficios y cubrir, apenas, los costes de producción de leche, supone una grave problemática para el sector y lo sitúan en la cuerda floja.

«Nos encontramos en un punto en el que los productores de leche no podemos morir, porque el producto es primordial para muchas otras empresas. Pero tampoco obtenemos un mínimo de rentabilidad para seguir adelante sin sufrir», concluye Pau Bosch.