El conocido restaurante de la Colàrsega del puerto de Maó cerró por precaución unos días | Gemma Andreu

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Los botellones también golpean la economía. El tsunami de contagios que vive Menorca desde finales de junio debido a las aglomeraciones de los jóvenes obliga a cumplir cuarentena a miles de isleños, entre 8.000 y 12.000 personas, que han sido contactos estrechos de positivos. La cifra de casos activos, es decir, que pueden transmitir la enfermedad, no ha dejado de crecer y este jueves se situó en 809. Cada uno de estos positivos deja un reguero de contactos, de media entre 10 y 15 por paciente, según los cálculos de las unidades volantes, que después de meses de una relativa tranquilidad, ahora no dan abasto para tomar muestras y rastrear el mayor número de afectados que ha tenido la Isla desde que comenzó la pandemia en marzo de 2020.

Las cuarentenas están empezando a pasar factura a las empresas, que deben prescindir de sus trabajadores por al menos diez días, hasta que se confirma su negativo en coronavirus. Autónomos que no pueden ocuparse de sus negocios, bares, comercios y restaurantes que cierran temporalmente por precaución, departamentos a medio gas por las bajas en plantillas que, en muchos casos, ya están ajustadas debido a la crisis. La fiesta descontrolada, que ha elevado la incidencia acumulada a 14 días entre los jóvenes de 16 a 29 años a 3.043 casos por cada cien mil habitantes, afecta a otras generaciones, población activa que permanece en casa en plena temporada turística.

La patronal de la pequeña y mediana empresa PIME-Menorca tiene constancia del problema, aunque no lo ha cuantificado. «Hay preocupación porque las consecuencias las están padeciendo las empresas», afirmó este jueves María García, secretaria general de PIME. La información que puede ofrecer la entidad a las empresas afectadas en este caso no es mucha, ya que se trata de un problema sanitario. «Les dirigimos a lo que digan las unidades volantes», señala García.

También los servicios de prevención y riesgos laborales deben atenerse a lo que decidan las UVAC, que son las que llaman a los trabajadores aislados para hacerles las pruebas ‘de entrada’ y ‘de salida’, es decir, al inicio y al final de los diez días de cuarentena para ver si están libres de contagio.

Mientras tanto, algunos negocios se ven obligados a cerrar en verano, cuando más trabajo hay. La incidencia acumulada disparada de estas semanas está de facto suponiendo una limitación de la actividad para algunas empresas. Conocidos bares y restaurantes han echado la persiana unos días y avisado a clientes a través de redes sociales; o algunas tiendas que tienen empleados de baja optan por el tradicional cartel en la puerta, esta vez con la frase ‘cerrado por covid’.

Vacunados

En cuanto a las cuarentenas, si bien la Comisión de Salud Pública modificó la estrategia de vigilancia de la covid-19, dejando exentos de cuarentena a los vacunados con pauta completa, en realidad esa excepción solo se aplica si el contagio se ha producido con la variante alfa. En el contexto de contagios por las variantes más transmisibles y virulentas como la delta, hay que cumplir cuarentena y salir de ella con PCR negativa. Dado el tiempo que se requiere para secuenciar y determinar qué variante es en cada caso, las cuarentenas se imponen, y más si hay transmisión comunitaria.