Marc Pons hace 8 meses que abrió su etapa madrileña. | Gemma Andreu

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Marc Pons Pons (Es Mercadal, 1973) es desde hace una semana miembro de la Ejecutiva nacional del PSOE y componente de la permanente, de la que forman parte los 30 miembros con carteras ejecutivas. Él es secretario de Transición Ecológica Justa. Nunca un socialista    de Balears había ocupado un cargo orgnánico de tanta responsabilidad. Armengol y Antich fueron vocales. Lleva 8 meses en Madrid como jefe de gabinete del Ministerio de Teresa Ribera, en un trabajo de coordinación en todos los frentes. No es el cocinero pero está en todas las salsas.

El político menorquín reconoce que «estoy en un buen momento personal», lo interpreta como «un periodo de crecimiento» y sigue pensando que «la política es provisionalidad» y no una «carrera profesional», con sus «derrotas y victorias». Desde ese lejano 18 de septiembre de 2008 en que asumió la presidencia del Consell por la renuncia de Joana Barceló hasta el Congreso de Valencia del PSOE en que fue incluido en la nueva Ejecutiva federal, quizás no ha ejercido una profesión, pero ha realizado una buena carrera.

Está convencido de que el congreso socialista de Valencia ha reforzado al PSOE y que muchos de los críticos han cruzado los puentes «que les ha tendido Pedro Sánchez». No acepta bien la broma de que al menos en Madrid se ha podido tomar unas cañas por la noche gracias a Díaz Ayuso. »Claro -dice- incluso cuando la gente se moría en las UCI».

Lleva unos años con cambios en su trayectoria política que usted interpreta como crecimiento personal. ¿En qué ha cambiado usted?

—Creo que ahora entiendo mejor la diversidad. Sé que siempre tengo que ponerme en la piel de la persona que tienes delante. Y que es importante ceder para avanzar. Y al mismo tiempo me he reafirmado en los compromisos más básicos, como la importancia de la política, los valores democráticos y que la calidad de vida no solo es economía.

¿Cuál ha sido la prioridad de su trabajo como jefe de gabinete de la vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica?

—Sobre todo de coordinación de su agenda, el contacto con todos los responsables de 22 ministerios, con los presidentes de 17 comunidades autónomas, con gobiernos extranjeros y con fuerzas políticas y los grupos parlamentarios, para asegurar que las votaciones salgan adelante, con una persona como Teresa Ribera, que tiene una capacidad de trabajo enorme.

Con la que le une una amistad personal.

—Me une una complicidad, desde hace tiempo, desde que impulsamos en Balears la Ley de Cambio Climático. Le pedí ayuda y consejo en varias ocasiones.

¿Su cargo es un premio a que Balears ha sido «pionera y valiente», en palabras de Ribera en 2019, en materia de cambio climático?.

—Yo no lo vinculo a algo personal, sino a una cuestión de políticas impulsadas en Menorca y después en Balears. Aquí hemos sido pioneros en políticas de sostenibilidad con acciones concretas. En la época de Joana    Barceló, mientras en España se impulsaban políticas de desarrollismo urbanístico, aquí se tomaban caminos distintos. El tiempo nos ha dado la razón. Yo he participado en ello, como muchos otros. Creo que ese carácter pionero de Menorca y Balears ha sido a nivel de España y también del mundo. Hoy está claro que es necesario un replanteamiento global, también en economía. Por eso la Ley del Cambio Climático, que se aprobó primero en Balears, ya está también aprobada a nivel nacional.

Menorca tiene la imagen de la sostenibilidad pero el avance en energías renovables se lleva a cabo a un ritmo muy lento. ¿Está convencido de que vamos a llegar en 2030 al objetivo del 85 % de la energia procedente de fuentes renovables?

—Aquí se han producido debates que en otros lugares ni se los han planteado porque existe una mayor sensibilidad por el paisaje. La hoja de ruta que tiene el Consell es acertada y permite alcanzar este objetivo. Los niveles de consumo de la Isla permiten que el objetivo sea asumible. Son Solomó es un de los proyectos importantes.

Son Solomó tiene el camino expedito pero no se pone en marcha.

—Tiene unos plazos, que si no cumple las autorizaciones se terminan. Otro proyecto es la repotenciación de Milá, y el avance en las instalaciones particulares. Pero es verdad que necesitamos un empuje, una aceleración para alcanzar los objetivos de la hoja de ruta.

Sin embargo la mayor planta de autoconsumo de la Isla, las placas fotovoltaicas del aeropuerto, lleva diez meses terminada sin posibilidad de conectarse a la red.

—Es evidente que las exigencias administrativas en más de una ocasión provocan demoras. No conozco la causa del retraso en los informes para la conexión. Lo importante es que se lleven a cabo este tipo de proyectos. La estrategia que se desarrolla en varios niveles está dando resultados. La respuesta de los autoconsumos, con ayudas del 40 % a fondo perdido, es un ejemplo muy positivo, que lleva a un ahorro considerable en la factura de la luz.

En energía eólica hemos avanzado muy poco. Los proyectos no han prosperado por el impacto paisajístico. Milá nunca ha funcionado de forma óptima por las constantes averías de una instalación amortizada. Y ahora la comisión de Medio Ambiente no está de acuerdo con las zonas que su Ministerio ha definido para los parques eólicos marinos.

—Lo que ha hecho el Ministerio es marcar unas zonas donde creemos que podrán ubicarse los parques marinos. Es una oportunidad. Entiendo que genere algunas dudas pero es una muy buena solución. No hay proyectos concretos, que después podrían salir a concurso. Habrá que resolver dudas pero que no se descarte en ningún caso una solución que es válida.

El proyecto del nuevo parque de Milá, con molinos más altos y productivos, ¿está avanzando?

—El promotor es el Consell. El proyecto existe y debe estar pendiente de la forma de financiación.

¿Está convencido de que dentro de tres años, en 2025, se cumplirá la Ley del Cambio Climático con la prohibición de la circulación de nuevos vehículos diésel?

—Está en la ley. El Gobierno de España reconoce singularidades en los territorios insulares y podemos ir más rápido. El Govern balear deberá hacer una solicitud al de España para activar la medida. La Ley balear no fue impugnada en el Constitucional y está plenamente vigente.

Este verano ha sido un año de récords en Menorca, por ejemplo en el número de coches. ¿Le gusta la Isla en agosto?

—Me gusta todos los meses del año. Debemos entender que la Menorca de agosto representa beneficios económicos muy importantes para los ciudadanos de la Isla. Nuestro modelo turístico aspiraba a lo que ha pasado este mes de agosto, para que los turistas visitaran pueblos, mercados, restaurantes, museos, poblados talayóticos. Nunca como este año había sido así. Es una riqueza diversificada en el pequeño y mediano comercio. ¿Ha de seguir así? No. Hay que analizar servicios e infraestructuras. Desde lo público, lo más difícil de gestionar son las economías muy estacionales como la nuestra, mucho más que las que se basan en una alta masificación pero constante. Lo que nos pasa aquí es poco frecuente en el mundo. Tienes que tener servicios para el doble de población durante tres meses que el resto del año han de funcionar para la mitad de gente. No hay espejos donde mirarse. Nos hemos esforzado durante años, los alcaldes los primeros, para tener un modelo de turismo que la pandemia ha precipitado. Algunas cosas habran de corregirse. Habrá que valorar el transporte público, la gestión de espacios naturales…

¿Gestionar significa poner límites?

—Representa gestionar el movimiento de las personas y, efectivamente, poner límites donde haga falta y en cuestiones y zonas concretas. Poner transporte público que reduzca la presión del tráfico creo que es una opción importante.

Hay gente que cree que es mejor el modelo combinado, con low cost en las urbanizaciones de costa que reduzca la presión sobre carreteras, playas, restaurantes.

—Hay gente que cree que Benidorm es el mejor modelo turístico, pero nosotros hemos apostado por otro, que es el de la calidad.

Un proyecto ambicioso en materia de movilidad es el Smart Green Island, promovido por Seat y Endesa, que pretende cambiar    el parque móvil particular de los menorquines a coches eléctricos. ¿El Ministerio lo apoya? ¿Va a conseguir los fondos europeos necesarios para que sea factible?

—Menorca cumple los requisitos para que la movilidad privada se base en vehículos eléctricos. Que haya empresas privadas de este calibre interesadas es muy interesante, una buena noticia para Menorca. Hay que ver las concurrencias competitivas. El reto que tenemos como Gobierno es acertar con las decisiones. Este proyecto reune condiciones para contar con    fondos europeos. Estos temas se tratan entre el gobierno autonómico y el central. Habrá temas en los que se podría convocar un concurso para analizar las opciones.

En materia de seguridad del suministro eléctrico Menorca tiene pendiente el segundo cable eléctrico de enlace con Mallorca. Los planes de Red Eléctrica lo prevén para después de 2026. ¿Por qué el Ministerio no lo considera prioritario para asegurar que no volverá a producirse un gran apagón como el de octubre de 2018?

—Así como estamos ahora, Menorca tiene el suministro garantizado. Hay un planteamiento conjunto de Balears que es importante entender. El primer objetivo es que Balears forme parte del sistema energético peninsular. Para que así sea, lo primero es garantizar la conexión entre las Islas y el continente. La planificación establece la construcción del segundo enlace Mallorca-Península, con una inversión de 1.000 millones de los 5.000 de presupuesto, aproximadamente, para todo el territorio nacional. Esta obra ha de estar terminada antes de 2026 y será entonces cuando pueda acometerse el segundo cable Menorca-Mallorca. Desde el punto de vista técnico es una planificación lógica. Puedo entender que aquí cuesta aceptar el orden de prioridades, pero en el conjunto, es lógico.

Sin un segundo cable, Menorca seguirá dependiendo de la central del puerto de Maó para garantizar el suministro, cuando cada vez hay más voces que piden que reduzca la actividad y la contaminación.

—Es evidente que la de Maó no es como Es Murterar, que funcionaba con carbón y ya solo funciona lo que representan 20 días de actividad al año. En Mallorca hay tres centrales más. Aquí no hay alternativa. Es verdad que el segundo cable es una opción, pero lo realmente importante es que se produzca energía con fuentes renovables como alternativa. Y otra opción viable, que se está estudiando, es la de las baterías, que acompañen el segundo enlace.

El PP pedía ayer el cierre de la central y su traslado a otra ubicación.

—El traslado de la central no supone avances en materia energética. Su propuesta es para el debate urbanístico, y en nada supondrá una reduccion de emisiones o de mejoras en materia de eficiencia energética.

También cuesta el cambio de combustible para reducir la contaminación de las emisiones, lo que depende de una petición que al parecer no ha llegado al Ministerio.

—Así es. Existe un acuerdo entre los dos gobiernos y en el momento en que se produzca la solicitud se va a dar una respuesta. La empresa que explota la central es la que ha de presentar la solicitud. Pasar de fueloil a gasoil es un procedimiento sencillo. Pero falta que Endesa haga la petición.

A la preocupación por el medio ambiente y la salud se le añade la que provoca la subida espectacular del precio de la luz, que ha amortizado en pocas semanas las medidas del Gobierno para frenarla.

—Hay que ser conscientes que estamos en una crisis energética provocada por la gran demanda que representa la reactivación económica post pandemia, con Rusia como gran suministrador mirando al Este, con lo que se dispara el precio del gas. El sistema marginalista que tenemos en Europa provoca que el precio del gas repercuta en las facturas. El Gobierno ha tocado todas las teclas que tenía a su alcance para controlar la escalada. Estoy convencido que se cumplirá el compromiso del presidente Pedro Sánchez de que al terminar 2021 el precio medio pagado por una familia de luz sea equiparable a lo que pagó en 2018 descontando el IPC.

¿Usted pone la lavadora a altas horas de la madrugada?

—No siempre, pero en casa sí que miramos las franjas en que la electricidad es más económica, a primera hora de la mañana, por ejemplo...