Misa de Nochebuena en la Catedral | Josep Bagur Gomila

0

«Hoy es especialmente urgente proclamar, ante tantas personas que han perdido el sentido de la Navidad, que la clave está en este niño que ha nacido, que es el Hijo de Dios, el Mesías, el Señor, que es Dios salvador», afirmó ayer noche el obispo de Menorca en la homilía de Nochebuena en la Catedral.

Francesc Conesa subrayó que «sin Jesús no hay Navidad, por tanto, no expulsemos a Dios de la fiesta de su nacimiento». Al mismo tiempo, el pastor de la Diócesis propugnó pasar de las palabras a los hechos para aplicar de forma activa los valores y las exigencias del Evangelio, que interpelan a los cristianos, con especial a los pobres, a las personas y las familias más necesitadas.

Advirtió el prelado que «este mensaje no se puede proclamar sólo con los labios, sino que requiere toda nuestra vida. Lo proclaman aquellos que Dios ama, que le dan gloria con sus acciones y están llenos de la alegría profunda del nacimiento de este año. Lo proclamamos especialmente cuando aprendemos de Dios a estar cerca de los más frágiles y vulnerables».

Misa de Nochebuena en la Catedral. Foto: Josep Bagur Gomila

El mensaje de esta homilía del obispo de Menorca se resume en que «el niño que nos ha nacido nos hace sentirnos amados, pero también nos enseña a amar». En esta línea calificó de «sorprendente y admirable» que la salvación nos llegue «precisamente a través de un niño, que es símbolo de indefensión y pobreza. Un niño necesita cuidados, atención y paciencia; sin embargo, nuestra esperanza está en este misterioso niño débil y frágil».

La vigilia de Navidad en la Catedral empezó con el canto apocalíptico de «La Sibil.la», a cargo de la soprano Maria Camps, con la participación del coro de la Capella Davídica y el organista Tomé Olives. Después empezó la misa, que el obispo Conesa concelebró con presbíteros.

Durante la celebración se mencionó que se cumplen 75 años de la inauguración del reloj de la Catedral, y que durante este tiempo ha acompañado la vida de la ciudad. Al concluir la Eucaristía los asistentes -mayoritariamente menorquines, pero también familias emigrantes que han venido a Menorca y familias francesas- compartieron un vaso de ‘calent’, dando continuidad a una antigua tradición de la Catedral del ‘dissabte de Nadal’.