El cambio de dirección solo se permite a los turismos.    Fotos: G. ANDREU | Gemma Andreu

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Acceder a la carretera de Torre-solí hacia Son Bou-Sant Jaume, en Alaior, desde la carretera general, o bien salir de esta vía comarcal en dirección a Es Mercadal supone desde este jueves una inversión añadida en tiempo porque el conductor deberá recorrer entre 2,4 y 4 kilómetros más, según sea su destino.

Es el tributo que implica la decisión del departamento de Movilidad del Consell para reducir el peligro que supone el giro a la izquierda en este tramo, uno de los puntos negros de la red viaria insular por los numerosos accidentes.

Al mediodía los operarios finalizaron el pintado de las marcas en el antiguo cruce, al tiempo que las señales prohibitivas quedaron visibles. Los conductores, en general, respetaron la nueva señalización pese a algunas quejas. La línea continua impide el giro a la izquierda y el vehículo que viene de Alaior se ve obligado a seguir hasta el cruce de la carretera de Es Migjorn, a 1,2 kilómetros, para cambiar el sentido y entonces sí, poder girar a la derecha hacia Torre-solí.

El recorrido añadido por la prohibición es aún más largo para quienes salen de esta vía comarcal y quieren dirigirse hacia Es Mercadal porque deben llegar hasta Alaior y allí dar la vuelta, algo más de cuatro kilómetros.

«Estoy muy indignada con que hayan tardado diez años para esto porque no vale nada y los únicos que los pagamos somos los usuarios habituales de esta carretera», comentaba Rut, vecina de la zona. «Llevo y recojo a mi hijo del colegio de Es Migjorn por la mañana y por la tarde voy a trabajar a Ferreries, esto es mucho más tiempo perdido, más gasolina y más contaminación. Había otras soluciones», señala.

Àngels, también vecina del lugar, calificaba la medida como «surrealista, parece mentira que después de tantos accidentes y tantos años ahora hagan esto, es difícil hacerlo peor sin gastar un duro». Añade que «tenían que haber puesto un carril central como en otros lugares pero no han hecho nada, solo perjudicar a los vecinos y sobre todo ahora en invierno, cuando somos los únicos usuarios».

Caterina, residente en una casa de esta carretera, estima la medida como el mal menor. «Cada verano veo dos accidentes a la semana, por eso esta me parece una solución, ganamos en seguridad aunque perdamos diez minutos de tiempo en ir a dar la vuelta y gastemos más gasolina». Otra usuaria lo ve como «una incomodidad, pienso que había otras soluciones, pero si evita accidentes hay que aceptarlo».