La misa de acción de gracias concluyó con el cuadro del puerto de Ciutadella, cuyo autor es Josep Padrós, que Gerard Villallonga entregó a Francesc Conesa. | TONI BARBER / DIÓCESIS DE MENORCA

«El obispo Francesc Conesa se ha esforzado, desde el primer momento, para incorporarse a la realidad religiosa, cultural, lingüística y social de Menorca, intentando ser un buen pastor, próximo a todos, especialmente a los más vulnerables, poniendo sus cualidades a nuestro servicio», afirmó ayer el vicario general, Gerard Villalonga.

Fue la conclusión de la misa de acción de gracias celebrada en la Catedral de Ciutadella con la que despidió la Diócesis al prelado que durante cinco años ha sido el titular de la sede episcopal de Severo y el que el 12 de marzo tomará posesión como nuevo obispo de Solsona. En esta Eucaristía, con la participación de la mayoría de los presbíteros de Menorca y la asistencia de fieles de todos los municipios de la Isla, Conesa Ferrer se despidió de los menorquines y agradeció los apoyos recibidos: «Marcho a Solsona con la experiencia vivida en Menorca, donde me habéis enseñado a ser obispo. Marcho con el corazón cargado de nombres y de rostros de muchas personas que, de diversas manera, me habéis ayudado en mi misión», afirmó.

Sinodalidad

Gerard Villalonga subrayó que «en el obispo Francesc Conesa encontramos una personalidad madura y equilibrada; es un hombre culto, inteligente, bien preparado, de magisterio claro y profundo». Y añadió que «su gran capacidad de trabajo se ha manifestado a través de su testimonio, siempre al servicio de su misión patoral, que ha llevado a cabo, no de una manera autoritaria e individualista, sino asesorado y acompañado por los organismos diocesanos». El vicario general explicó que «no hay ninguna decisión que no haya sido previamente discernida con la plegaria, la reflexión y la escucha previa. Esta sinodalidad ha estado siempre y se ha practicado estos cinco años».