El cambio que propugna el Consell pasa por una mayor reutilización del agua, por ejemplo de las depuradoras. | Josep Bagur Gomila

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Ni la conducción de agua desde Ciutadella hasta la zona de Llevant ni un nueva desaladora en este punto donde más se acusa la escasez halla argumentos favorables ni en el Consell ni en el GOB. El discurso es coincidente en ambos casos, con algunos matices. El conseller de Medio Ambiente, Josep Juaneda, dice que se han presentado alegaciones al Plan Hidrológico, ahora en revisión, con el fin de garantizar el abastecimiento en esta zona.

No excluye de entrada una desaladora, pero sería el último recurso, antes debería determinarse su necesidad, que de momento no se contempla. Defiende un cambio de paradigma sobre el uso del agua con acciones para la reducción del consumo y avanzar en la reutilización.

descarta la conexión con la desaladora de Ciutadella, a pesar de que la planta produce a una tercera parte de su capacidad. «Una infraestructura de estas características no es la mejor opción por el coste energético y económico que conlleva, hay alternativas más adecuadas», afirma.

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Recuerda que los ayuntamientos están aprobando sus propios planes de sostenibilidad que prevén acciones concretas, «el problema ha de atacarse desde un cambio de modelo», añade.

El nivel ha bajado 8 metros

Miquel Camps, responsable de política territorial del GOB, dice que otra desaladora sería «un error catastrófico, pagaríamos todos una instalación por el agua que usan mal unos pocos», denuncia. «Nuestros acuíferos no evolucionan bien, hay pozos del centro insular que han bajado ocho metros su nivel, todos los que gestionan el agua saben que estamos al límite», apunta.

Además opina que una desaladora no reconduciría la situación porque permitiría aumentar el consumo, que es lo que ha de corregirse, «solo si faltara agua para consumo humano tendría sentido una desaladora como solución».