La redistribución de tumbonas y parasoles ofrece, según los vecinos, una imagen de mayor saturación y falta de espacio.    | Josep Bagur Gomila

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En Cala Galdana crece la preocupación por la reducción progresiva de la superficie de arenal libre de hamacas y sombrillas. Afirman vecinos de la urbanización que la extensión que ocupa la concesionaria ha crecido, que queda muy poco espacio libre para el resto de usuarios y que, además, se incumplirían las condiciones, al no retirarse cada noche estos elementos para permitir la limpieza de la arena.

Residentes de la zona aseguran que «cada vez hay más hamacas» y que «por las noches no se recogen». De hecho, señalan que «hasta 2018, los parasoles eran de quita y pon y se apilaban las tumbonas a diario», algo que no sucede ahora.

El último contrato de explotación de elementos de temporada en la zona de dominio público de la playa de Cala Galdana se firmó el 1 de mayo de 2019, y tiene una vigencia por cuatro temporadas, hasta este año, del 1 de mayo al 31 de octubre.

El Ayuntamiento de Ferreries selló el acuerdo con la nueva concesionaria para la ocupación de cinco zonas de hamacas y sombrillas. Respecto de la concesión anterior, entre 2014 y 2018, el número de camastros actuales es idéntico, 580. Sí que existe un pequeño incremento en la cantidad de sombrillas, pasando de las 280 anteriores a las 290 que hay, hoy.

En cuanto a la retirada de estos elementos cada noche, sí que habría un incumplimiento del contrato, puesto que este especifica que «los concesionarios de hamacas y parasoles los deberán tener recogidos de las 21 horas a las 8 horas del día siguiente, para facilitar la limpieza de la playa».

Esto hace que «las máquinas no puedan limpiar la arena y que entre las hamacas haya suciedad», algo que da mala imagen. «Los vecinos queremos que la playa esté limpia, y no lo está», lamentan.

Operarios del Servei de Neteja de Platges de Menorca acuden a Cala Galdana entre dos y tres veces al mes, para cribar la arena y retirar pequeños desperdicios como colillas o plásticos. Así lo explica Isaac Olives, director insular de Proyectos sostenibles y responsable de este servicio mancomunado insular. Es él quien confirma que las labores mecánicas en la cala ferrerienca se ven dificultadas, al igual que en otras playas menorquinas, por la instalación, los últimos años, de sombrillas fijas y por no retirar, las concesionarias, las hamacas.

Tan es así que, señala Olives, «antes de ir, los operarios solicitan a la empresa que retire por lo menos la primera fila de parasoles, para, al menos, poder cribar la primera línea de mar». En este sentido, admite que «las playas están invadidas de tumbonas, pero también de patinetes», lo que implica que grandes extensiones de playas quedan sin cribar y, por lo tanto, restan en ellas numerosos deshechos que se ven obligados a retirar a mano.

A la vez, según los vecinos, la suciedad se acumula en las papeleras, y aunque se vacían dos veces al día, según Olives, «están siempre a rebosar por el incivismo de la gente», critican los residentes. De ahí que «el paseo esté muy sucio, incluso hay ratas», al igual que en ambos márgenes del torrente, que califican como un «vertedero», que son competencia de los ayuntamientos de Ciutadella y Ferreries.

El apunte

«Hay las hamacas que toca, según el último recuento que hemos hecho»

La alcaldesa de Ferreries, Joana Febrer, señalaba ayer que «en el último control de recuento que hemos hecho hace unos días, el número de hamacas es el correcto». Eso sí, «ha habido una redistribución» de las tumbonas, lo que, sumado al hecho de que «el mar ha comido una parte de la arena», puede ofrecer a simple vista «una sensación de mayor ocupación».

Febrer defiende que «la superficie que ocupan las hamacas es la misma» que desde 2014, y recuerda que «los dos últimos veranos, por la covid, no se pudieron poner el cien por cien de tumbonas, solo hubo el 60 o el 70 por ciento», lo que también puede contribuir a dar esta mayor sensación de estrechez si se compara con la extensión ocupada en la presente temporada.