El autismo requiere una atención muy específica.   

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Son varias las familias menorquinas que este verano están sufriendo dificultades a la hora de inscribir a sus hijos con autismo en las escuelas de verano, tanto públicas como privadas. A pesar de que el Consell tiene activas dos líneas de ayudas (se pueden solicitar hasta el 15 de septiembre, para cubrir las matrículas y las cuotas; y para que los centros contraten monitores especializados), la lentitud de la burocracia las hace poco efectivas.

Así lo expresan varias familias, en Ciutadella y en Maó. En la ciudad de levante, una madre expresa lo complejo que ha sido garantizar una plaza para su hijo en pleno verano. «Quise inscribirle en la escuela de verano en un colegio público, y no me garantizaban que pudieran contratar un monitor especializado, porque aún no sabían si el Consell les había concedido la ayuda». Ante la incógnita, y para no quedarse sin plaza, la familia buscó alternativa en otro centro. «Allí me dijeron que tampoco tenían confirmación de la ayuda, pero al final aceptaron a mi hijo» con el riesgo de no poder contar con el personal adecuado. Finalmente, después de la incertidumbre y los quebraderos de cabeza que conllevó, «recibieron la ayuda, y cuentan con una monitora», que tutela al menor.

Otro caso se ha producido en Ciutadella. Una familia solicitó la inscripción en una escuela de verano privada. En este caso, la petición llegaba por el cierre, en agosto y por vacaciones, de la piscina municipal donde el niño había acudido en julio. El padre solicitó plaza y recibió el visto bueno inicial del centro, pero se demoró el trámite por la incertidumbre sobre si se le concedería o no la subvención, y también por si era o no el centro adecuado (por la proximidad de una piscina vecina, con la que el menor tenía especial fijación). Cuando el 1 de agosto la familia llevó al niño para que empezara, no había un monitor especializado y los padres sienten que «nos han dejado tirados».

Familias y empresarios se preguntan hasta qué punto la administración debe cerrar servicios públicos en verano, teniendo en cuenta lo difícil que es encontrar personal especializado que sepa tratar con chicos que precisan atenciones especiales. En este sentido, insisten que «muchas veces, los monitores que se contratan son muy jóvenes», lo que hace sospechar de su escasa experiencia.

Desde la Fundació de Discapacitats, que media para facilitar la integración de niños, en este caso con autismo, defiende la necesidad de que «la sociedad sea consciente de los derechos» que estos tienen. Tan es así que, recuerda la directora técnica del ente, Cristina Fernández, «hay que apostar por la inclusión, no por tener a estas criaturas aisladas, sino con otros niños, pero con monitores especializados». Y todo lo contrario a eso «es discriminación».