Imagen promocional de los helados La Menorquina ambientada en la Isla.

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En 1940, cuando en Menorca y en la mayor parte de España apenas se conocían los helados, el joven empresario menorquín Fernando Sintes Pons abrió una fábrica en Alaior que bautizó con el nombre de La Menorquina. Apodado «El Mestre», supo lidiar con los tiempos de posguerra y sentó las bases de la fabricación de helados a nivel industrial en el país.

Fundada desde hace más de 80 años, La Menorquina es, hoy en día, el mayor fabricante de helados de marca en España, pero ha perdido su vinculación accionarial con la Isla. No obstante, desde el 1 de julio de 2021 su director general es Iván Leal Gayán, menorquín por parte de su familia paterna. En esta entrevista con Menorca-Es Diari afirma que uno de sus objetivos al frente de la compañía es potenciar el origen menorquín de la marca y reforzar los vínculos con la Isla.

Iván Leal es el director general de La Menorquina desde el 1 de julio de 2021.

Este fin de semana han sido las fiestas de Alaior, donde se abrió la primera fábrica de La Menorquina en 1940. ¿Ha podido venir?

Esta vez no he podido ir, pero el verano pasado estuve por Alaior. Visité la delegación de Menorca, que está en la antigua fábrica de La Menorquina. Ahora, guardamos allí los helados y es el punto desde donde, cada mañana, salen los camiones para hacer el reparto por toda la Isla.

Su abuelo, Juan Leal Triay, trabajó 10 años en la compañía como responsable de ventas de Maó y reportando directamente a Fernando Sintes.

Cuando era pequeño, pasaba los veranos en Binibeca, en el chalé de mi abuela. Por allí circulaba el camión de La Menorquina y mis primos, mi hermano y yo cogíamos los polos de fresa y menta. Pero no sabía que mi abuelo, al que no pude conocer, trabajó en la empresa. Me lo contó mi tía cuando me uní a la compañía en 2020. Después, también pude recuperar su hoja de empleado. Es una casualidad simpática.

¿La relación de su familia con la compañía le inspira para gestionarla?

Por supuesto. Dirigir La Menorquina es volver a esos tiempos y a Menorca. Crecí en la Isla hasta los 5 años y, desde entonces, he estado viviendo en varios países. Estando en Londres, se me presentó la oportunidad de unirme a La Menorquina para reposicionarla y ligarla aún más a Menorca. El proyecto de esta marca es muy atractivo y vale la pena dedicarle todo el tiempo y esfuerzo para que crezca y sea lo mejor que puede llegar a ser.

Desde sus orígenes, La Menorquina se ha caracterizado por la creatividad y el ingenio. Tras más de 80 años de tradición heladera, ¿se acaban las ideas?

Innovar no es fácil, pero la innovación es algo que La Menorquina lleva en su ADN. Fernando Sintes inventó las frutas heladas y con ellas revolucionó totalmente el sector. Eran el postre estrella. Aunque sea difícil seguir innovando, es una necesidad y todavía se pueden hacer maravillas después de esas invenciones tan disruptivas. A veces, la innovación es volver al pasado y traerlo mejorado. En los dos últimos años, hemos hecho un trabajo de investigación para recuperar las recetas históricas y adaptarlas al siglo XXI. A modo de ejemplo, esta temporada hemos sacado el helado en barritas, elaborado con nata fresca de Menorca, el producto de origen, que es, precisamente, el que queremos potenciar.

¿Mantienen el legado de «El Mestre»?

Sí, a pesar de haber crecido, mantenemos el concepto del «buen heladero». La Menorquina puede decir, orgullosamente, que es una de las mejores heladeras de España y del mundo. El hacer helados de calidad que gusten a la gente es algo que inculcó Fernando Sintes y que se ha mantenido. Lo tenemos muy presente.

La marca comercial lleva implícita esa singularidad menorquina. ¿Cuál es la forma de conservar esa ventaja competitiva?

El llamarnos La Menorquina es, a la vez, un orgullo y una obligación. Contamos con el privilegio de tener un vínculo con Menorca por el nombre y por la historia de más de 80 años. Al mismo tiempo, nos vemos en la obligación de responder a los valores de la Isla. En este sentido, nos une a Menorca el placer consciente y el carácter innovador. Es decir, el disfrutar de la vida al cien por cien, con los ojos abiertos y sin perder ni un solo detalle, con esa personalidad tan menorquina de ser curioso y no temer a lo nuevo.

¿Será este un año muy a la menorquina?

Sí. De hecho, la nueva campaña de promoción es visual y se ha centrado en reflejar a Menorca como el paisaje que inspiró la creación de los helados. Se han instalado carteles y fotos de Binibeca, cala Macarella y el faro de Favàritx en distintos puntos de la Isla y, también, de la Península.

Actualmente, ¿cuál es la situación empresarial?

Desde que la familia Sintes vendió, a finales de los 60, La Menorquina a la multinacional Beatrice Foods, la compañía ha pasado por diferentes propietarios. A partir de la primera década de los 2000, fue perdiendo un poco la marca, alejándose de Menorca. Cuando yo me incorporé, en 2020, La Menorquina repensó qué era y recuperó el concepto puro menorquín. La Menorquina es de Menorca y es el primer fabricante de helados de marca en España. A partir de ahí, queremos relanzar la compañía. Hablábamos antes de que nuestros predecesores habían hecho posible estos más de 80 años de tradición heladera. Ahora, nos toca a nosotros construir los próximos 80 años.

Realizan operaciones en España y venden productos en otros 30 países. ¿Piensan potenciar la presencia de la compañía en la Isla?

Tenemos una delegación propia en Menorca, algunos quioscos... Con el archivo fotográfico que tenemos, nos gustaría hacer un mini museo en la antigua fábrica. Es una idea que barajamos, pero que todavía no hemos trabajado.

El Bombón 57 fue un producto revolucionario. ¿Sigue siendo el emblema de La Menorquina?

Es un clásico y ha adquirido mucha mítica. Para la tranquilidad de todos, La Menorquina sigue elaborándolo. Es uno de los top ventas en la Isla, uno de esos helados que crea marca y que más hace sonreír por su historia.

Hablaba del top ventas... ¿Cuál es su helado favorito?

Dudo entre el Bombón 57 y el Alma de Chocolate. De postres, es especialmente bueno el Helado de Coco.

El apunte

El nieto de la pastelera de la calle Victori de Es Castell

Aunque la familia materna de Iván Leal Gayán (Sevilla, 1978) es originaria de Zaragoza, sus raíces paternas se encuentran en Es Castell. Allí, su abuela dirigió una pastelería en la calle Victori. Su abuelo, Juan Leal Triay, trabajó durante 10 años en La Menorquina. Iván heredó la inquietud y pasión por la Isla de su padre, José Luis Leal Isern, quien se dedicó a la organización y dirección de empresas en Menorca durante la Transición. Como su padre, Iván también estudió dirección y administración de empresas. Se formó en la Escuela de Negocios Wharton, tras haberse graduado como ingeniero de caminos, canales y puertos en Cataluña. Después de trabajar durante tres años y medio en Nueva York, diseñando puentes, se trasladó a Londres para trabajar en la banca de inversión. Allí, le ofrecieron incorporarse a La Menorquina, compañía con 500 empleados que dirige con el objetivo de hacerla crecer, reforzando su vínculo con la Isla.