Una saca de construcción llena de vísceras y pezuñas como que utiliza el matadero de Maó.

«Yo he visto los restos de animales ahí tirados en el vertedero con mis propios ojos, he tenido que volcar mi carga donde estaban y esto no es algo de ahora, viene de largo». Es el testigo directo que ha recabado este diario de la presencia de cabezas de vaca y otros subproductos de sacrificio de matadero hallados en el vertedero de Milà.

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Es el conductor de un camión de transporte que prefiere que no se publique su nombre y que –asegura que como muchos otros– ha podido ver lo que al parecer ha venido ocurriendo en el vertedero hasta que este diario reveló el caso en prensa el pasado 17 de septiembre. Su relato no hace referencia a algo ocurrido puntualmente este verano, sino a una práctica que viene realizándose de forma continuada desde hace mucho tiempo y que según su versión está relacionada con la indisponibilidad del horno incinerador, algo que desde la UTE Es Milà niegan rotundamente al asegurar que no ha habido averías significativas más allá de alguna puesta a punto que lo ha parado un par de días, sin que eso supusiera superar la capacidad de almacenamiento de la cámara frigorífica.