Anuncio de un trabajador que busca una habitación en un piso de alquiler compartido

TW
23

La búsqueda de un piso de alquiler en Menorca se ha vuelto misión imposible en los últimos años para muchos trabajadores que llegan a la isla para cubrir la temporada. La gran subida de los precios, las deficientes condiciones de las viviendas... Son muchas las causas de esta precaria oferta en la que ya prácticamente ninguna habitación baja de los 500 euros al mes en los distintos portales web.

Una auténtica odisea

Muchos trabajadores de temporada que se desplazan hasta la Isla se han visto sometidos a este tipo de situaciones. Es el caso de Grace, quien ha vivido en circunstancias increíbles desde que llegase a la isla en marzo: «He llegado a estar en una casa en la que éramos treinta personas», exclama.

Ha cambiado de domicilio hasta dos veces y otras tantas de puesto de trabajo, ya que en el primero se encontró unas condiciones «totalmente diferentes» a las originales. Ahora ha alcanzado la estabilidad laboral que tanto ansiaba en un establecimiento hostelero de Ciutadella. Contentos con su trabajo, los responsables le han ofrecido un contrato para quedarse todo el año. Pese a su deseo de aceptar la oferta y seguir en la Isla, aún no sabe si podrá hacerlo porque no logra encontrar una vivienda que se adapte a sus necesidades.

«Necesito vivir en la zona de Ciutadella porque suelo acabar mi jornada laboral de madrugada y no dispongo de transporte propio. Pero es que no encuentro una vivienda digna, que es lo único que pido. Quiero vivir como una persona normal», afirma Grace, quien también asegura que Menorca «se parece cada vez más a Eivissa», isla en la que estuvo viviendo tres años, en relación al precio de la vivienda.

De momento y hasta que encuentre un techo en el que vivir todo el año y no solo «de octubre a mayo», está aguantando como puede en «un sofá y un garaje» que le ha prestado un amigo.

La experiencia de Grace es similar a la de Agostina Robello. Esta argentina aterrizó en Menorca el pasado mes de junio con una oferta de trabajo que luego no se correspondería con las condiciones iniciales.

Una vez solucionado este primer entuerto, Agostina halló en la zona del levante insular un trabajo como técnica gastronómica, profesión en la que se había formado en su país de origen.

No obstante, la búsqueda de un piso se ha complicado debido a los altos precios. «De momento, piso nada. He visto cosas, sí, pero los precios son muy elevados», subraya.    Al igual que Grace, también necesita vivir cerca de su puesto de trabajo, ya que el servicio de autobús concluye antes de que salga de trabajar.

A la espera de encontrar un piso compartido, por el momento se las está apañando en casa de unos familiares, con las dificultades que eso conlleva.

Por su parte, Abel González, un joven santlluïsser que estudia emergencias sanitarias en Palma, adquirió hace un año una propiedad en Ciutadella con un dinero que tenía ahorrado, ya que lo veía como «una oportunidad de inversión a futuro».

Al haber completado también sus estudios de cocina, durante el verano trabaja en un restaurante del poniente insular y vive en su piso. Pese a que su idea inicial no era alquilar, vio la demanda existente y accedió a dejar arrendada una habitación a un compañero de trabajo. Ahora, comparte su piso con tres personas más, las cuales están durante todo el año: «Pagan 350€ al mes con todos los gastos incluidos. Me ayuda a costearme mis estudios durante el curso, pero a un precio razonable, no desorbitado», argumenta.

Dificultades para estudiantes

Aquellos que vienen a estudiar a la Isla también buscan una habitación en la que alojarse durante el curso.

Cristina Brull llegó a Menorca en septiembre de 2022 para estudiar el grado de enfermería que oferta la UIB en Alaior y le costó «bastante» encontrar un piso, pero al final lo consiguió. La propia universidad tuvo que mediar entre ella y los caseros: «En Menorca, si no conoces a alguien, no te alquilan nada», lamenta la joven andaluza.

«También me he quedado en verano para trabajar, por lo que me tenía que mudar.    La búsqueda ha sido todavía peor. En julio tuve que estar viviendo con mi jefe, pero ahora he encontrado una habitación para todo el año por 250 euros al mes», explica.