Gregorio Martín Quetglas

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La medida pactada por PSOE y Sumar es una copia de la que ya entró en vigor en Francia y va en la línea reclamada por los ecologistas de reducir la emisión de gases contaminantes por parte de la aviación comercial. El debate sobre la sostenibilidad y el efecto medioambiental de ese flujo constante de aviones está servido.

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Desde el movimiento Flygskam, la vergüenza de volar, nacido en Suecia, a la supresión de los vuelos interiores, lo cierto es que la movilidad aérea actual, que ha permitido la expansión sin precedentes del turismo, está en jaque. Pero hoy por hoy no hay alternativa tecnológica a la aviación, especialmente para los vuelos largos; en rutas cortas podrían llegar a electrificarse aviones, pero quizás solo para distancias de 200 kilómetros o menos, explica Gregorio Martín Quetglas, catedrático jubilado de Ciencias de la Computación y del Instituto de Robótica de la Universitat de Valencia.

Este experto también cuestiona que haya una trayectoria creíble para una reducción seria de las emisiones procedentes del tráfico aéreo, y apunta que «es un parámetro incontrolado» y difícil de imputar a un país determinado en vuelos internacionales. En cuanto a la reducción del tráfico aéreo, obligada para encarar una crisis del clima que afectará al empleo y la economía, Martín se manifiesta  «pesimista, nuestra economía está basada en el turismo, y el turismo es movilidad, y en las islas, es movilidad aérea», asegura. «La preocupación es que el turismo en España va a estar muy tocado», señala, y este sector representa el 12,9 por ciento del PIB nacional.