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Sostienen en Catalunya que el presidente del Fútbol Club Barcelona tiene más notoriedad incluso, que el de la propia Generalitat. Es el reflejo inequívoco del peso social que mantiene la modélica entidad azulgrana en su propio territorio y en un radio de influencia que alcanza a numerosos rincones del planeta por lejanos que sean. No es de extrañar, por tanto, que en este mundo globalizado su cabeza más visible a nivel directivo ostente un grado de popularidad consuetudinario al cargo como sucedió en su día con José Luis Núñez, el ínclito Joan Gaspart o, más recientemente, con el inefable Joan Laporta.

Si extrapolamos al ámbito insular esta verdad de principio abstracto pero desarrollo científico hallaremos ejemplos que la respaldan. Es el caso de Benito Reynés Gelabert (Maó, 59 años), proclamado el domingo en la cena de Sant Antoni de Editorial Menorca, Protagonista de la Vida Económica de la Isla en 2010. El reconocimiento le arriba al empresario hecho a sí mismo en plena madurez como resultado de una gestión plausible al frente de la empresa que da empleo a 30 trabajadores, Náutica Reynés, tras haber completado en el año anterior tres cuartos de siglo de existencia desde que se fundara en 1935, y compaginar tamaña dedicación profesional con el gobierno del primer club deportivo de la Isla, el Menorca Bàsquet, de manera entusiasta y altruista.

A la vista de la salud actual de la que puede presumir Náutica Reynés, sociedad histórica del escaparate menorquín gestionando la crisis sin menoscabo de los productos que distribuye y comercializa resulta más que justificada la distinción que recogió anteayer su principal responsable en la gran celebración del diario Menorca.

Benito Reynés atraviesa, posiblemente, el momento más dulce de su prolongada trayectoria laboral esculpida a base de entrega plena como buen empresario que se precie, intuición y talante para pasar del trabajo con el hierro iniciado por su abuelo en 1935, al ramo de las bicicletas y los ciclomotores hasta desembarcar definitivamente en el mundo náutico a partir de 1965 bajo su propia y directa iniciativa. Ahora Reynés ocupa el mismo lugar de los otros grandes empresarios de la nuestra tierra que ya ubican en sus vitrinas la distinción anual de este diario. Es el caso de Jaime Mascaró, Santiago Pons Quintana, Antoni Palliser o Domingo Marqués (EPD).

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Sin embargo ha sido su otra gran pasión, el baloncesto, la que le ha puesto en la vanguardia mediática general de este territorio. Benito Reynés accedió a la presidencia del Menorca Bàsquet en junio de 2009 tras la convulsa salida de José Luis Sintes, de quien fue su fiel compañero durante diez años como segundo dirigente de la entidad, y otros diez más como miembro de la directiva comandada por Paco Llull en los 90.

De la noche a la mañana una persona aparentemente tímida, de oratoria limitada ("lo meu és vendre barques, no estar davant es micros", repetía entonces) y sin carisma conocido dio el salto a los micrófonos y dejó de ser el personaje que aparecía en el extremo de la fotografía para ocupar su parte central. Prometió entonces un cambio en el modelo de gestión presidencialista al que relevaba y aseguró que el suyo sería siempre el segundo plano, eso sí, preconizando un entusiasmo mayúsculo para devolver a Menorca y a los menorquines el baloncesto ACB que acababa de perderse con el descenso.

El tiempo ha permitido constatar que Benito Reynés no iba de farol por más que lo pareciera en aquellos días de junio de 2009 que alteraron la tranquila sociedad insular. El nuevo presidente fue rompiendo paulatinamente con el pasado y miró hacia el futuro con enardecimiento. La pizca de fortuna le sonrió en el momento adecuado y puso al equipo y al club, de nuevo y en las primeras de cambio, en la primera liga europea.

Mejorado su discurso oficial, dispuesta su sonrisa a aparecer en un rostro que aguanta el desgaste de su doble dedicación con el consentimiento familiar, el primer responsable de Náutica Reynés, a la sazón, presidente del Menorca Bàsquet, encara el corto plazo con osadía.

La ampliación de capital en la Sociedad Anónima Deportiva es su principal caballo de batalla visto el ritmo menor de la venta de títulos que debería multiplicarse de aquí al final del campeonato para garantizar su subsistencia. Probado queda que este empresario mahonés sabe lo que lleva entre manos.