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Sería, quizás, mas propio decir «Prim en Reus» porque la huella, el recuerdo del general Juan Prim i Prats, nacido en la entrañable ciudad en 1814, el vencedor de Castillejos, el único catalán que fue jefe de Gobierno, vive entre sus más de cien mil habitantes actuales. La plaza que lleva su nombre, la casa en que nació y vivió, el óleo de grandes dimensiones que preside el salón de plenos municipal, el sable de campaña que guarda celoso el Ayuntamiento y que el pasado martes ponía en manos de los miembros de la Sociedad Bicentenario General Prim (1814-2014) su alcalde Carles Pellicer. La Sociedad había decidido iniciar su andadura oficial, tras un año de programación y consolidación, precisamente en Reus. En aquel gesto de confianza, no sólo había emoción. Había integración y unión. Nos sentíamos todos realmente hermanados alrededor de la figura del general.

Pedrol Rius y Pere Anguera, dos distinguidos reusenses, ya escribieron ayer sobre la vida y muerte de Prim. Hoy lo han vuelto a hacer Emilio de Diego y Josep Maria Fontana, presentes en el acto. Mañana volverán a hacerlo otros, porque la figura del general es inmortal, donde se mezcla lo real con el mito, donde se sigue indagando sobre quién y por qué se planeó el crimen de estado que le llevó a la muerte en los últimos días del año 1870. El entonces presidente del Consejo de Ministros acababa de dejar el Congreso de los Diputados y se dirigía en carruaje hacia el Palacio de Buenavista –hoy sede del Cuartel general del Ejercito, que guarda celoso también su recuerdo– cuando fue tiroteado en la esquina de la entonces calle del Turco, hoy del Marqués de Cubas en la parte trasera del edificio del Banco de España. Este 27 de diciembre la Sociedad del Bicentenario pretende descubrir una placa conmemorativa, porque –hasta hoy– nadie ha querido o podido hacerlo, algo que difícilmente comprenden otros pueblos respetuosos con su pasado histórico. ¡Y no es el único olvidado presidente del Gobierno, asesinado en ejercicio de sus funciones!

¿Cómo influye Reus en el alma del general? En mi opinión, fundamentalmente, aunque se entremezclen Guerras Carlistas, Marruecos, Guerra de Crimea, Francia y su boda en La Madelaine en el París de Napoleón III y Eugenia de Montijo, México, el mando de aquella expedición «aliada» –Francia, Inglaterra y España– de 1861 y su matrimonio con Francisca Agüero. Siempre aparecerá Reus, esta tierra «del camp y del llamp», del campo y del relámpago. Muchos biógrafos definen a Prim como un «llamp», tal era su carisma y su impulso. Aquel que le llevó a decir a sus voluntarios catalanes en la guerra de Marruecos: «O faixa o caixa», la victoria o la muerte. ¡Cuesta comprender una arenga como ésta hoy en día!

Pero Reus, la segunda ciudad en importancia en la Cataluña de los siglos XVIII y XIX, primer centro de cotización de aguardientes junto a París y Londres, que desarrolló un importante comercio textil, que tenía consulados de EE.UU, Liguria, Reino Unido, Holanda, Suecia, Dinamarca, Sicilia, Vaticano, Francia, Portugal ,Nápoles y Prusia, fue ciudad que apoyó la sublevación de Lacy en 1817, la de Riego en 1820, la propia de Prim y Lorenzo Milans del Bosch en 1843, la Vicalvarada de 1854, hasta la «Gloriosa» de 1868 que llevó al general al poder.

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Pero quiero ir más allá, ratificado mi respeto y afecto por la ciudad «atenta y esforzada», patria de Gaudí y de Mariano Fortuny, en la que también encontraron cobijo Picasso, Miró, Pau Casals y construyeron los arquitectos modernistas, Domenech, Juan Rubió y Pere Casellas, 26 edificios que son una joya para la ciudad.

En momentos en que vivimos sometidos al «llamp» de la última inquietante noticia, en que se tambalea nuestra confianza en las instituciones, en los que echamos de menos políticas de estado constructivas, en la que se fomentan más las labores de zapa, que las propias de reconstrucción de los cimientos del nuevo estado que necesitamos. Cuando en países supuestamente hermanos nos expolian, cuando Europa no acaba de dejar de ser una unión de mercaderes, cuando sólo nos queda el fútbol como «última ratio» para escuchar alguna nota positiva, reunirse en Reus alrededor de la figura de un líder como Prim fue todo un soplo de aire fresco. Ver cómo pueden funcionar ayuntamientos con acuerdos de varios grupos. Ver cómo un presidente de Diputación –Josep Poblet– apoya a un ayuntamiento. Ver cómo dos servidores públicos –alcalde y presidente–, bien preparados intelectualmente, dedican tiempo, afán y entusiasmo a sus ciudadanos, hablan con claridad de sus problemas, de la energía que proporcionan Vandellós y Ascó o de la magnífica Ley de Aguas de tiempos de Adolfo Suárez, fue todo un respiro.

¡Creo que el general Prim se apuntó una nueva victoria!

Artículo publicado en "La Razón" el 9 de mayo de 2012