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No tiene fácil cuadrar las cuentas el ministro Morenés. No obstante, en la última semana ha tenido dos buenas noticias.

La primera muy relacionada con la visita de la canciller Merkel. La segunda relacionada con los terrenos que Defensa puede vender a los promotores de la operación Eurovegas.

El Consejo de Ministros del pasado viernes, concedía a su Ministerio un suplemento de crédito de 1.782 millones de euros, para atender a la deuda acumulada por entregas realizadas en programas de armamento durante 2010 y 2011 y para pagar los compromisos fijos de 2012. De este crédito 1.100 millones eran para el programa del avión europeo Eurofighter. Subrayo que el crédito se concediese un día después de la visita de la canciller a Moncloa. El Eurofighter es un consorcio europeo, su sede central está en Munich y su principal accionista es la empresa alemana Daimler. Por tanto no era casualidad que su presidente Dieter Zetsche participase de la «minicumbre» hispano alemana en la que el ministro De Guindos arengaba dando confianza e invitando a invertir a un selecto grupo de empresarios. Más crítico se había mostrado nuestro ministro de Exteriores diciendo que «al Gobierno alemán no le va mal esta situación». Y no le salió mal su visita a Madrid.

Entiendo que el rasero con el que mide la aguerrida canciller a España no es el mismo con el que mide a sus empresas. El Eurofighter, aporta tecnología, aporta aliento a la «Europa de la Defensa», aporta mano de obra, pero ha sido desde el principio un ruinoso río revuelto con buenas ganancias para unos pocos . Morenés no sabe cómo convencer a sus aliados industriales que demoren la entrega de los próximos 15 aviones, porque sencillamente no puede pagar los 1.200 millones que cuestan. Pero de no haber atendido ahora a estos pagos, –dijeron fuentes de Defensa– se habría llegado a una situación de colapso financiero de los programas internacionales y habría supuesto también pérdidas de empleo y capacidades en nuestra industria de Defensa. Siempre defiende el ministro que el problema es de Gobierno, no sólo de su Ministerio.

Pero insisto que los mismos parámetros de contención del gasto, de sobriedad y recortes que se nos exigen desde Berlín deben ser aplicados a sus propias industrias –que no son precisamente hermanas de la caridad– que se apoyan en garantías jurídicas que les aseguran enormes beneficios industriales firmados en otros tiempos de bonanza económica.

La segunda noticia viene de la mano de otra mujer, la presidenta de la Comunidad de Madrid. Si acaba de confirmarse la solución Alcorcón para la construcción del complejo Eurovegas, Defensa puede llevarse una buena parte del botín que representa la venta de 12 millones de metros cuadrados en la zona de La Venta de la Rubia, donde –lindante con la carretera de Extremadura– se ubica el Club Deportivo Militar La Dehesa que desarrolla una enorme función social entre miles de socios.

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Por supuesto otras cuentas están sobre la mesa del ministro, teñidas con la constante preocupación de lo que pueda estar pasando en este momento. Me refiero a Afganistán y al escalonado repliegue de nuestras fuerzas. La salida de las tropas italianas no sólo ha dejado un hueco difícil de cubrir, sino que ha marcado un rumbo sin retorno de lo que serán los próximos meses en el país asiático. Como saben, España replegará este año un 10% de su contingente. Tiene previsto hacerlo con el 40% en el próximo año, para completarlo en 2014. El tiempo pasa rápido y hay que prever sin precipitaciones. El mismo Consejo de Ministros del pasado día 7 anunciaba la firma de un convenio en materia de Defensa con los Emiratos Árabes . Entre otras cláusulas prevé «facilitar el repliegue del contingente español desplegado en Afganistán». Es una de las opciones que baraja el Estado Mayor de la Defensa que deberá decidir qué materiales repliega y qué materiales se quedan en zona, al ser más costoso su traslado que su coste una vez amortizados. Los italianos han recurrido al repliegue por tren llevando sus materiales por carretera entre Herat y Turghundi en la frontera con Turkmenistán desde donde continúan por ferrocarril atravesando Uzbekistán y Kazajistán. Aparte de estudiar geografía, no es mala solución para transportar materiales pesados como los RG 31 de difícil acomodo en medios aéreos.

La solución menos costosa sería el puerto pakistaní de Karachi, una vez que las fronteras con Afganistán se abrieron el pasado julio. Pero se trataría de una ruta de 1.500 kilómetros que debería atravesar santuarios talibanes.

Los costes que se barajan no son del orden de los del Eurofighter –sobre los 60 o 70 millones– pero en este caso no es sólo el importe, es la seguridad de nuestras tropas la que debe primar.

¡No son fáciles las cuentas del ministro!

Publicado en "La Razón" el 13 de septiembre de 2012