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Zaherida la Selección a partir de su estrepitosa puesta en escena en el Mundial de Brasil las miradas tienden a converger en el Marqués Vicente del Bosque y el debate estatal abierto sobre su continuidad.

El fútbol carece de memoria pero en el caso de este salmantino de porte afable y sereno se dan circunstancias más allá de las que tienen que ver estrictamente con su destreza futbolística para encauzar a los mejores jugadores del país, en muchos casos, figuras del balompié mundial, en pos del triunfo. Son aquellas que se refrieren a la imagen perfecta que proyecta, la naturalidad con la que se maneja y la normalidad con la que actúa tanto en la victoria como en la derrota.

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La historia, con la perspectiva del tiempo, situará en el pedestal que se merece al técnico que ganó dos Copas de Europa con el Real Madrid, una Eurocopa y un Mundial con España. Tamaño registro no admite réplica ni comparación aproximada en el fútbol nac ional.

Del Bosque recogió, modeló y perfeccionó la apuesta decidida que hizo Luis Aragonés por el fútbol elaborado, de toque. El ideólogo fue el huraño colchonero pero la Federación no pudo hallar un mejor relevo en la persona del todavía seleccionador nacional. Fue él quien profundizó en el juego de los bajitos rentabilizando la edad de oro de las individualidades del FCBarcelona, aderezada con Casillas, Villa, Ramos y Alonso. España, con Del Bosque, dejó de ser una Selección de volantazos como lo había sido a lo largo de su centenaria historia. Que si la furia, que si la presión, que si los centrales reconvertidos en centrocampistas... cada nuevo seleccionador aportaba su praxis y España jamás tuvo una identidad propia porque la furia era un simpleza descomunal. Ahora, con Luis primero y Vicente después, el equipo es reconocible, tiene un estilo propio, y ese es el camino por el que debe progresar con evolución pero sin revolución.

Si del Bosque no se marchó después de ganar la pasada Eurocopa, nadie mejor que él ahora para arbitrar los cambios sin urgencias con los jóvenes que llaman a la puerta. En todo caso, España, con Del Bosque o sin él, no va a ganar continuamente mundiales o eurocopas. Exijámosle tan solo que siempre sea favorita. Ese es el camino.