Ha llegado también a la Isla del Rey el interés por la sostenibilidad de los recursos energéticos, un reflejo del intenso debate público a todos los niveles, que la sequía y elevadas temperaturas del verano han intensificado. Por mi parte, la de un canoso voluntario con experiencia en el tema a causa de mi actividad profesional, no he podido hacer oídos sordos al planteamiento de las administraciones públicas por conseguirla en la isla, siquiera sea en parte.

La existencia en la Unión Europea desde 2017 de una iniciativa para el fomento de las energías limpias en sus islas, que ya ha emitido una declaración política y ha organizado el correspondiente secretariado en 2018, fue una primera base de reflexión. Además, en la web correspondiente encontré con agradable sorpresa el informe anual 2021-2022 emitido por el "Comitè d'Experts per a la Transició energètica i el Canvi climàtic de les Illes Balears".

Su rechazo explícito y tajante al uso del hidrógeno como alternativa, debido a "que no respon a la realitat balear" fue la primera decepción en su lectura. La segunda fue que asigne a la generación distribuida de la energía eólica un papel casi residual, al nivel de la energía geotérmica, y se centre únicamente en la ampliación de Milà, para todo el ámbito balear. Diría que la energía eólica es la segunda opción, que sí responde a la realidad balear, o como mínimo a la menorquina. De modo que dicho informe, al valorar la fracción de superficie que se estima se ocupará para la generación de las energías limpias, llega a algo más del 1%. En esta valoración se incluyen las cubiertas existentes, con lo que está claro que el uso de placas solares es el básico para el Comité, prioritariamente en cubiertas, y el resto se supone que en solares, y nunca mejor dicho.

Que el hidrógeno no responde a la realidad balear, sino que en rigor no responde a realidad ninguna, porque la realidad del hidrógeno consiste en no existir en estado libre, es algo que me quedó claro desde que empecé a estar involucrado en proyectos europeos que se basaban (y sus sucesivas ediciones aún se basan) en el uso del hidrógeno. Su obtención a partir de los compuestos de que forma parte, fundamentalmente el agua, pero también por supuesto los hidrocarburos, es el reto que plantea el hidrógeno. Un gran reto, a decir verdad.

En cuanto a la energía eólica, es obvia su existencia en el campo menorquín a poco que uno se fije, aunque es cierto que en algún país (en Alemania, sin ir más lejos) empiezan a aparecer tensiones para determinar la distancia mínima entre generadores, derivadas del impacto visual e incluso del riesgo para las aves de que se les acusa. Pero también es cierto que están apareciendo tecnologías que reducen significativamente dicho impacto (generadores de eje vertical).

Creo pues que ambas opciones, como mínimo, deben quedar abiertas en la Isla del Rey, un territorio no residencial donde hay una fuerte estacionalidad de consumo, lo que da margen para gestionar con cierta flexibilidad la energía que se pueda generar con las tres opciones de que se dispondría.

En lo referente a la energía eólica es indudable que puede contribuir en cierta medida, teniendo en cuenta su inestabilidad en Menorca, donde no hay un régimen constante de vientos como sucede con los alisios o en el Mar del Norte. Pero también funciona de noche…

En cuanto al hidrógeno, como vector energético que es, podría jugar el papel de acumulación de energía, dado que la generación de hidrógeno sería posible contando con una reserva de agua de lluvia como la que podrían facilitar los dos grandes aljibes disponibles en la Isla del Rey. La generación de energía eléctrica mediante las conocidas pilas de combustión está ya acreditada desde hace años.

Con todo, son necesarios muchos cálculos previos antes de elaborar proyectos concretos, para definir su alcance y el modelo de financiación. Empezando por ejemplo por relacionar la variación de la potencia que pueden proporcionar viento y sol a lo largo de un día y de un año, y disponer así de un modelo de energía generada frente al consumo, del que se suponen conocidas su variabilidad en el tiempo. Puesto que una premisa es básica: garantizar el suministro de la energía en todo momento, que se minimice la dependencia de la conexión eléctrica con el exterior y que llegue a hacerla innecesaria. De ilusión también se vive, qué caramba.

Oscar Sbert Lozano, voluntario