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En estos días vemos como ya se van aireando promesas electorales en Es Castell. Unos, el PI, dicen y proclaman que recuperarán los túneles que bajo los cimientos de la Explanada circulan entre los cuarteles abandonados, que se están cayendo de dejadez municipal. Otros, el PP, que va a invertir más de un millón de euros en modificar el trazado de la actual carretera para hacer una rambla muy peatonal y unos aparcamientos muy turísticos. Todos, los dos, se están gastando los dineros de las arcas municipales sin preguntar a los vecinos qué es lo más necesario e importante para nuestro pueblo ahora. Como siempre, ninguno de los dos partidos muestra el más mínimo interés democrático ni presentan otros proyectos alternativos.

Ciertamente parece ser que en eso se basa ser candidato a las elecciones, en hacer promesas de grandes actuaciones o intervenciones urbanísticas; pero cuidado, puesto que como ya nos tienen acostumbrados, lo que sobre el papel cuesta 10, al final, sobre el terreno, vale 100. Cosas de presupuestos mal ajustados y demás bagatelas justificativas de sobrecostes que todos pagamos sin opción a impugnar.

¿Qué mal hay en preguntar a la vecindad cómo invertir los dineros qué se rascan del bolsillo los esforzados ciudadanos? ¿Por qué no se nos tiene en cuenta a la hora de hacer gastos que pueden implicar trastornos innecesarios? ¿No hay más alternativas que la de levantar la actual calzada para hacer un aparcamiento? ¿Es necesario gastarse en ello más de un millón de euros? ¿Van a plantar los mismos árboles raquíticos que en otros lugares conocidos y céntricos del pueblo? ¿Van a abrir los cuarteles que se están cayendo de puro abandono para hacer circular a la gente con casco de obras por túneles a ninguna parte? En fin, muchos y muchos interrogantes que hacen de las propuestas vertidas, incertidumbres impuestas desde las cúpulas de un poder demasiado conocido por sus obras megalíticas, innecesarias y muy caras.