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El vuelo VY 3722 Barcelona-Menorca embarca a las 22.05 horas, sale a las 22.50 horas y aterriza a las 23.35 horas. Solo 20 minutos de retraso. He tenido suerte. Sobre todo teniendo en cuenta que estamos a 3 de julio y que la compañía que lo operaba, Vueling, lleva acumulados múltiples retrasos y cancelaciones y que cuando he llegado al aeropuerto de El Prat la aglomeración de viajeros no pasaba desapercibida. Los mostradores de facturación de la aerolínea eran fácilmente reconocibles por las largas colas de pasajeros que, a pesar del cansancio y la incertidumbre, guardaban el orden en la fila. Una pantalla con los colores distintivos de la compañía -amarillo y blanco- iba señalando hacia qué mostrador dirigirnos. Al otro lado nos esperaba un empleado de la aerolínea con rostro impasible y ojeras. Debía estar harto. Seguramente querría terminar su turno y dejar de ser la cara visible de Vueling para aquellas 12.000 personas enfadadas por no haberse podido subir al avión.

Cuando iba ya por la mitad de esta cola me llamó mi padre: la aerolínea estaba contactando los clientes con vuelos retrasados o cancelados. ¿Me habían llamado a mí? Le dije que no, que tranquilo, que mi vuelo iba bien y que ya estaba esperando para facturar la maleta. Mejor. No solo porque no tendría que esperar mucho en Mahón. Realmente quería advertirme de que no me fiase, que unos conocidos habían perdido su vuelo porque les habían avisado de que su vuelo saldría con un retraso que al final no fue tal. Este error de coordinación les dejaba sin vuelo y si derecho a otro billete porque se supone que el aviso es para que tengas una orientación, pero no asegura los cambios exactos en la hora de salida del vuelo. Esta clase de anécdotas se acumulan en las redes sociales y refuerzan la teoría de que la compañía sufre serios problemas de programación y organización de vuelos más allá de los provocados por las huelgas en Francia. Porque los altos cargos se lamentan de no haber previsto las consecuencias de la huelga de controladores franceses del 28 de junio que les obligó a cancelar más de 20 vuelos. No obstante su sindicato de trabajadores ha tenido que recordarles que el 20 de junio ya había largas colas en el aeropuerto de El Prat por otros fallos de gestión de la aerolínea y que llevaban meses advirtiendo la falta de aviones y personal. De hecho entre esas fechas, el 26 de junio, Pere Melis publicaba en «Es Diari» los efectos negativos de otra cancelación. El vuelo 3718 dejó tirados en tierra a 180 personas tras seis horas de espera y sin facilitarles hotel para pernoctar ni dietas de manutención. Estos 180 pasajeros se quedaron a la espera como el 72 por ciento de los clientes de Vueling con billetes para viajar desde Barcelona los últimos tres días. Estas cifras y las últimas declaraciones de Fomento parece que debiera ser inevitable que Vueling evadiera su responsabilidad con los usuarios de sus vuelos. Y más dado su gran peso en el transporte aéreo español.

Parece increíble que a pesar de formar parte de IAG, uno de los holdings de aerolíneas más importantes del mundo, Vueling se haya visto desbordada por calcular mal la cantidad de vuelos que podía ofrecer. Solo para el trayecto Menorca-Barcelona la compañía oferta entre 9 y 10 vuelos diarios, mientras que en temporada baja opera entre 3 y 4. Váyase usted a saber si la única causa es un plan excesivamente ambicioso, pero la necesidad de que encuentre una solución rápida para su error es evidente. Y más en Menorca donde sus servicios son imprescindibles para un transporte aéreo suficiente y eficiente, ya que Vueling es la primera compañía en número de pasajeros (723.030), seguida de Air Nostrum (310.491), perteneciente al mismo holding.

Mientras esperaba a que saliera el vuelo repasaba todas estas cifras en la prensa me repetía que ciertamente he tenido suerte. Pero cuando espero para recoger mi maleta me doy cuenta de que tal vez Vueling me debía una. Ya me había dejado en tierra, junto a cientos de personas, tres años antes. Fue otro overbooking caótico a un día del 23 de junio (¡Sant Joan!) en el cual la compañía había ofrecido más vuelos de los que realmente podía operar. Como al resto de pasajeros me facilitaron la estancia en hotel, transporte al aeropuerto, un nuevo vuelo y dietas, eso sí. Y además tuvieron que recolocarnos en otro vuelo y pagarnos -a los que la pedimos – la indemnización correspondiente. Váyase usted a saber si les salió a cuenta entonces. Esperemos que, por el bien de los usuarios, el incidente no les sea rentable ahora.

Maria Dabén Florit
Ciutadella