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Hola papá. Después de tu temprana muerte a mis cinco años no sé si estás en parte alguna de manera consciente y puedes leerme.

He tardado casi setenta años ¡se dice pronto! en darme cuenta que te quería, aún sin haberte conocido; de que afloraba amor hacia ti a través de mis lágrimas retrasadas siete décadas.

Sabes muy bien que no lloré el día que llegó el telegrama ni tampoco después y poco a poco me fui olvidando de que habías existido. Tampoco en casa se fomentaba tu recuerdo, como si hubieran ocurrido cosas terribles antes de tu pérdida. La ley del silencio típico de muchas familias.

No te voy a contar mi vida porque si estás en algún lugar la conoces Y si no estás para qué.

Solo decirte que me hubiera gustado conocerte y vivir contigo las vicisitudes que todo padre e hijo comparten juntos, buenas y malas y que contribuyen para bien o para mal a formar parte del carácter de las personas. Eso sí, asegurarte que estoy satisfecho plenamente de lo que he vivido, incluso ahora que parece que las cosas se tuercen. Parece como si tú desde donde estés me hubieras orientado en la distancia.

Si es así gracias te doy.

¿De mamá que decirte realmente? No lo sé, poco. Solo eso sí, que está bien a pesar de su provecta edad.

Lo que siento de verdad es no haberme podido despedir de ti con todo mi cariño y llorar tu pérdida, el día de tu muerte.

¡Pero te fuiste demasiado pronto!