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La madeja argumental a la que asistimos para justificar en las filas del psoe lo injustificable, y así convencer a la opinión publica de donde dije digo (no es no), digo Diego (y por tanto me abstengo), es de tal despropósito que ofende a sus votantes, militantes, simpatizantes y a cualquier otro que no sea del PP o afín al viejo aparato socialista. Y escribo de forma expresa el nombre del partido en minúsculas, psoe, porque pequeña, muy pequeña es en estos momentos la imagen nacional resultante de dicha formación política. Después de cuatro años de manifestaciones en contra de las políticas del Sr. Rajoy, confundir el hambre con las ganas de comer e intentar que cuele, argumentando en el último minuto que lo verdaderamente importante, lo que querían los españoles, era evitar unas terceras elecciones, es simplemente avergonzante, deplorable y decepcionante.

Les ha faltado agallas para decir la verdad: querían evitar cosechar una nueva debacle electoral y lo que han hecho es anteponer los intereses del partido. Si ya hace una año la situación para ellos era delicada por su falta de sintonía con la nueva realidad política, que ni supieron ni quisieron entender, pretender ahora echarle el mochuelo de su ceguera a su ex secretario general, al que previamente, el viejo aparato ni apoyaba, pero si condicionaba es avergonzante, deplorable y decepcionante.

Después de todo lo ocurrido, siento constatar, que ya nadie sabe dónde está el PSOE si en el PPsoe o si en el psoe. ¡Qué lástima con lo bonito que era escribir su nombre correctamente y en mayúsculas!