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La contundente -y anunciada- derrota del socialista Pedro Sánchez en la primera votación para la investidura como presidente del Gobierno ha confirmado la inviabilidad de la alianza suscrita por PSOE y Ciudadanos.

El tono bronco de la sesión augura un resultado similar para la votación de hoy. Las distancias personales entre los líderes exigen un sereno periodo de reflexión para superar las discrepancias -más estratégicas que ideológicas- que hoy impiden un pacto eficaz.

Cualquier acuerdo que no incluya al PP requiere de la participación de las formaciones nacionalistas. Los reproches entre PSOE y Podemos dificultan el acuerdo de la izquierda y prolongan la situación de incertidumbre abierta por los resultados electorales del 20-D. También provocan el hartazgo de la sociedad española, preocupada por la manifiesta incapacidad de los líderes para alcanzar acuerdos. Fracasada la investidura de Sánchez, la próxima semana abre un nueva etapa en la que no tienen cabida ni los brindis al sol ni los postureos con declaraciones más o menos ingeniosas. Para desatascar la situación se necesitarán importantes concesiones, inteligencia y sentido común.