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Con la muerte de la filóloga menorquina Aina Moll Marquès desaparece una figura insigne en la recuperación y normalización del lengua catalana, una pasión heredada de su padre, el también menorquín Francesc de B. Moll Casasnovas, coautor del Diccionari Català-Valencià-Balear, en cuyos últimos volúmenes participó.

Desde la discreción y la perseverancia, Aina Moll sentó las bases de la normalización lingüística de la lengua propia. Su tarea resultó esencial en unos momentos complicados, durante la Transición, cuando supo elevar el rango social del idioma de los territorios de habla catalana, primero como directora general de Política Lingüística de la Generalitat de Catalunya, y después en el resto de comunidades. Lo hizo con senci- llez, pero siempre con convicción y gran esfuerzo didáctico.

Rehuyó las polémicas estériles y consiguió generar amplios consensos en favor de la normalización lingüística en los ámbitos educativos, los medios de comunicación y la Administración. La cultura catalana está en deuda con Aina Moll, que escaso reconocimiento obtuvo en su tierra natal. Ciutadella y Menorca no distinguieron la trayectoria de la filóloga discreta.