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La señora ministra Trinidad Jiménez, como viene siendo ya una costumbre que a mi entender indica inseguridad, antes de proponer unas medidas, para el caso impopulares, que le van a suponer al usuario un encarecimiento de su derecho a la sanidad pública, ha lanzado un globo sonda, así, como quien no quiere la cosa, y fíjense que de repente los medios de difusión ya anuncian que la sanidad pública española va a introducir el copago.

Se lo preguntan los periodistas a la ministra y ella muy puesta y reservada dice que lo están estudiando. Un servidor al que la vida le ha ido maliciando su buena fe y que ha pagado muy cara su inocencia por fiarse de quien no era de fiar, aprendió que cuando el río suena agua lleva. Y el río de la sanidad viene muy crecido, inflado por el aluvión de un uso abusivo y porque aquí tenemos esa perniciosa costumbre de querer ser más "papistas que el papa". Aquí llega uno de dios sabe donde, se empadrona y a la media hora ya tiene el mismo derecho sin haber tenido las mismas obligaciones que aquel que lleva años cotizando. Y no es que eso esté mal, es que el problema surge cuando se abusa porque suele ser frecuente que el recién empadronado no llegue solo y como la sanidad es gratis, aquí soluciona la precariedad ancestral que le acompaña. Como pasa con el llamado turismo sanitario, dicen quienes lo saben que algunos vienen de turismo a España a operarse. Dicho todo esto tengo prisa en afirmar que ni de lejos los problemas de nuestra sanidad pública pueden achacarse a estos casos que son simplemente la punta de un gigantesco iceberg. Aquí vamos al médico sin pensar que estamos generando a veces gastos inútiles a fuerza de almacenar en nuestras casas una farmacia de medicamentos que luego no tomamos y ese sí es un gasto enorme además de inútil.

El copago, de instaurarse en España, tendrá a mi modo de ver dos efectos inmediatos: servirá como fuente recaudatoria de parte del gasto sanitario, pero sobre todo servirá como elemento disuasorio a la hora de acudir o no a una consulta médica. Bastará con que nos cobren una cantidad. En cualquier caso, en España conviene decir que ya tenemos un copago en los medicamentos, un trabajador en activo paga un 40% del gasto farmacéutico que genera. Los miembros de la Mutua General de Funcionarios Civiles del Estado abonan el 30%, sean activos o jubilados.

La señora Jiménez, doña Trinidad, baraja 5 euros por visita médica y 10 por ir a urgencias, exceptuando a enfermos crónicos.

En Portugal las visitas a un ambulatorio cuestan 2,20 euros; el hospital 4,5; las urgencias oscilan entre los 3,7 y los 9,40; los ingresos hospitalarios, 5,2. En Italia, las visitas al especialista pueden costar entre 15 y 20 euros. Las medicinas, también como en España, tienen un copago que además en la sanidad italiana es progresivo. Conviene decir que en urgencias, en Italia, si el médico considera que el paciente no requería este servicio le cobrarán 25 euros. En Suecia se pagan entre 15 y 20 euros por la visita al médico de familia, 7 euros en urgencias y 20 euros por ingreso hospitalario. Los noruegos pagan 20 euros cuando acuden al médico. Los griegos 50 si el médico es de libre elección. En Alemania 25 en urgencias y entre 8 y 17 euros diarios por ingreso hospitalario, los medicamentos están subvencionados. En Austria entre 8 y 17 por ir a urgencias. Los irlandeses son los que más pagan, 100 euros por ir a urgencias y otros 100 por día de ingreso hospitalario. En el Reino Unido, igual que en España, sólo tienen un copago farmacéutico. De manera que en Europa, sólo España y Reino Unido tienen un copago farmacéutico, el resto de la sanidad es gratuita.

Les pongo, como ustedes han podido leer, algunos ejemplos de cómo está la sanidad europea. Pero les anticipo que tal cual yo lo veo, más pronto que tarde, tendremos que pagar alguna cantidad para poder ir al médico porque la sanidad española soporta un gasto que se ha incrementado de manera acelerada. En primer lugar, gracias a la longevidad alcanzada, que es una de las mayores del mundo, pero también por el encarecimiento de los productos farmacológicos, agravado por un uso poco riguroso de los mismos y también por la avalancha de intervenciones de tipo sanitario de quienes apenas han pagado algún euro para tener esa atención gratuita. ¿Qué hay que atenderles?, por supuesto que sí, sólo faltaría, pero sin abusos y tampoco sin que les cueste un céntimo.