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Las flores siempre fueron mis preferidas a cualquier tiempo del año, tal vez, se debe
Porque me crié entre ellas, allá en la noria des Moret. La esposa de mi padrino, sa tia Josefa, disponía un espacio dedicado a su cultivo. Dalias, de varios tonos, blancas, moradas, amarillas, i carabassa. Preciosos crisantemos, tan blancos como las calas y los lirios que también los había, en diferentes tamaños, clavelinas, las conocidas como menorquinas con un aroma muy peculiar y que desgraciadamente actualmente apenas se encuentran.

Entre aquellos rosales, petunias, clavells de moro, i de paper se encontraban, altivos y exuberantes, los septiembres en color blanco y en lila, muy apreciados por su duración. Llegado octubre, tal vez a mediados, no lo recuerdo con exactitud, cantidad de galls de vellut, crestas muy parecidas a la de los gallos en un tono granate subido, semejante al terciopelo, de ahí su nombre. Esta clase de flor, parecía ser propia del campo santo, tal vez la más vista en aquel recinto, durante la festividad de tots es sants i tots los morts.
Muchas especies más, florecían en aquellos campos. Claveles, grandes y tupidos, en rosa, blanco y rojo. Durante el verano, las margaritas, ojos de poeta, azucenas… Las fresias, destinadas a dar la bienvenida, al buen tiempo.

Desde que tengo uso de razón, siempre estuve rodeada de flores. Fui creciendo, oliéndolas, primero las que vendía la esposa de mi padrino en el mercado, al igual que lo hacían la mayoría de plaseras. Las que despachaba en la noria y casualmente, al casarse mi padre, lo hizo con una mujer que no sabia vivir sin ellas.

El patio de aquella humilde casa, como era la nuestra, disponía de una escalera que conducía a un terrado. En cada uno de sus escalones, fue depositando macetas de malvas y geranios. Cuando florecían, la escalinata estallaba de color. En el interior de la casa, tupidas hojas de salón, fulles d'àngel i de trau, alegraban comedor, recibidor junto a doras y cintas de novia, que mi abuela llamaba a verdosos racimos en forma de cintas jaspeadas en blanco, que jamás supe su autentico nombre .

Precisamente en nuestra ciudad, se abrió el primer comercio dedicado al tema que me ocupa, el año 1968 lo recuerdo con exactitud, precisamente, fue el año que me casé. Aún hoy, permanece aquella floristería conocida como La Hortícola Balear, en la cuesta de la plaza.

Debo aclarar, que en los años anteriores a esta apertura, a pesar de no disponer de tiendas de flores, las amas de casa tenían la buena costumbre de comprar todas las semanas el consabido ramo, principalmente los viernes o el sábado en que las mujeres, feien dissabte.

Eran ses placeres las encargadas de vender flores, como ya he dicho más arriba, que junto a los cajones de frutas, verduras y hortalizas disponían de varios cubos llenos de agua que sacaban del pozo que se encontraba en medio del patio del mercado, para que ses flors estiguessin en remull. Por regla general, disponían de los ramos hechos, envolviéndolo con un trozo de papel de periódico.

También se adquirían, el mes de mayo, que las niñas acostumbraban a llevarlas por la tarde, dedicándolas a la Virgen, declamando poesías y cantos, rezando preciosas oraciones, que jamás se olvidarán. Es mes de Maria, era molt guapo, tanto, que en la mayoría de hogares se disponía de un pequeño espacio a modo de altar, con estampas, y jarrones o botes de cristal, donde se ponían quatre remellets.

Dice Praxèdies que no me olvide de comentar, que se adquirían flores para obsequiar, a familiares o amistades en su onomástica, cumpleaños o fechas señaladas, antes ya de establecerse la primera floristería porque el culto a las flores ha existido siempre.

Los de mi edad recordarán, a Andrea, mujer de baja estatura, molt magre, era pell i os, que vivía en la calle de san Juan , a continuación de la Congregación de las religiosas de la Consolación. En realidad lo que hacía medianera era su jardín, ya que la casa llegaba hasta la calle de San Carlos. Andrea, vivía para y por las flores, de un gusto exquisito, con muy buena mano para criarlas, sabía todo cuanto se debía saber de las mismas. Se dedicaba a confeccionar, preciosos ramos de novia, o cuanto se le encargase. Los fines de semana, se la veía con un cesto de mimbre, recorrer infinidad de norias que se encontraban en torno a nuestro Mahón, donde compraba las mismas para poder complacer la cantidad de pedidos que se le iban haciendo.

Hubo otra persona muy querida, con una sensibilidad y buen gusto, que jamás podré olvidar, Carretero al que todos llamábamos en Lluisot. Se dedicaba tal cual que Andrea. El año 1926 en que vino Alfonso XIII para inaugurar el paseo de la Miranda, la Pescadería y el Colegio Primo de Rivera, los socios de la Liga Marítima lo agasajaron junto a sus acompañantes y autoridades, con un gran festejo. Al día siguiente la prensa de la isla, recalcó haciéndose eco de la belleza y buen gusto del señor Carretero que una vez más había demostrado tener a la hora de ejecutar una preciosa ornamentación floral, a lo largo y ancho de aquel edificio de baixamar.

Otra costumbre de mis antepasados, era la de visitar el cementerio una vez por semana, poniendo flores naturales, éstas se llevaban de sus propios domicilios, o bien se compraban en la noria que se encontraba davant es pins. Otros lo hacían en el propio cementerio, en que las esposas de es dos fossers, disponían de las mismas. Como si fuera hoy, recuerdo a mamá Teresa comprarlas a Araceli de can Saura, con la cual le unía muy buena amistad y estima.

Debido a que en esta ocasión he hablado sobre algo tan bonito y natural como son las flores, aprovecho para ilustrar la presente xerradeta, con tres fotografías de preciosos niños, los nietos de Sebastián Meliá, ellos Javi e Izan, se han convertido en la alegría de la familia, lo mismo le sucede a Rous, a pesar de que ésta no tiene a su Lucas cuantas veces puede disfrutar su compañero de faena en Sebastià, el vivir en Barcelona, le priva de este placer. Los que sí "arman un bon burdallet, son los hermanos Pons Valenzuela, ya lo dice el refrán… tres ball encès. No obstante recalcar que son muy buenos.