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Una de las "obligaciones" que nos eran afines a todas las esposas de los agregados militares de países con representación diplomática en Ankara (Turquía) era la de asistir a un almuerzo mensual que se celebraba por orden rotatorio en uno de los domicilios del agregado. En mi estancia de tres años, creo recordar que me tocó una vez celebrarlo en casa. Se intentaba preparar comida típica de tu país, lo cual era bastante rollo ya que significaba que te tocaba cocinar algún plato típico que por descontado el equipo turco que habitualmente era el contratado para preparar el evento, no sabía cómo cocinarlo, y al mismo tiempo el papel de anfitriona.

El día 4 de junio de 1989 era el turno de las esposas de los chinos. Ellas vivían en la propia embajada, y se comía una variedad espectacular de comida china, muy distinta a la que se cocinaba fuera en los restaurantes.

Un poco antes de salir de casa, recibí una llamada telefónica de mi marido diciéndome que por acuerdo de los países democráticos las esposas de los agregados militares no íbamos a acudir a ese almuerzo como protesta por unos incidentes que habían sucedido el día anterior y aquella mañana en Pekín.

La plaza de Tian'anmen en Pekín, la mayor plaza del mundo, fue escenario aquel lejano 4 de junio de una cruel represión por parte del gobierno del Partido Comunista en la que se cree que llegaron a morir hasta 2.500 personas, la mayoría estudiantes chinos que se enfrentaron al Gobierno y que creían que ese Gobierno era demasiado represivo y corrupto en una época de inflación y falta de trabajo lo que estaban amenazando sus formas de vida. Esa represión puso alerta al mundo criticando duramente la actuación del gobierno chino paradójicamente el mismo día en el que en Polonia se celebraban las primeras elecciones libres después de más de cuarenta años de dominio comunista soviético.

El mes de enero pasado visitó España el viceprimer ministro chino, Li Keqiang. Su visita fue recibida en nuestro país, tanto por parte del Gobierno como por parte de los empresarios, con los brazos abiertos, como si de un nuevo 'Mister Marshall' se tratara dispuesto a sacar a la economía española de la acuciante crisis que la acosa. El recuerdo de la violación de los derechos humanos y el horror de los acontecimientos de la plaza de Tian'anmen fueron borrados del recuerdo de los empresarios y dirigentes españoles de un plumazo ya que el nuevo 'Mister Marshall' asiático y España alcanzaron una serie de acuerdos entre los que destacan el compromiso de la potencia asiática para seguir comprando deuda pública de España, tanto en el mercado primario como en el secundario en una cantidad que podría ser cercana a los 6.000 millones, y una quincena de convenios de colaboración por valor de 5.600 millones de euros.

China tiene reservas por billones de dólares, y deben usar ese papel, ¿para qué las quiere, si no? Compra valores, distribuidoras, negocios, deudas, etc. de ser posible fuera del entorno del dólar. Comprando deudas en otras monedas mantienen el valor de sus reservas diversificándolas, y los occidentales agradecidos retribuyen aún más haciéndose los gañanes sobre las políticas chinas y mirando hacia otro lado para no ver las violaciones de los derechos humanos que todavía se cometen así como la represión y torturas a los cristianos.

Desde las dos partes, las palabras fueron de constante cordialidad y cooperación. La delegación china, quien quiso dejar patente su "confianza" en la recuperación económica del país, mostró también su interés en la ejecución que se hace en España de las renovables y su integración en el sistema con otras energías. Ingenieros enviados desde China vendrán a estudiar las instalaciones españolas. También se pretende agilizar los trámites para obtener visados, de forma que los turistas chinos, 90.000 este año, se puedan triplicar en 2012.

Asimismo, Keqiang aseguró que se intensificarán los intercambios comerciales entre ambos países. Uno de sus acompañantes, el viceministro chino de Comercio, Gao Hucheng, también mencionó los acuerdos para la compra de "productos tradicionales" españoles como el jamón, el aceite de oliva o el vino, que se espera "favorezcan el que los consumidores chinos conozcan los productos de mejor calidad".

Los chinos nos prestan dinero y los alemanes nos ofrecen trabajo. Somos destino predilecto de la inmigración no cualificada, pero exportamos ingenieros y médicos que aquí no encuentran trabajo, y no precisamente porque no nos hagan falta.

El vicepresidente del Gobierno chino llegó con aureola de rey mago y proclamó aquello de que su país sigue esperanzado en España. Menos mal. Vamos, que ven bien las reformas económicas emprendidas y que se sienten reconfortados. Por lo tanto, creen a buen recaudo el dinero que nos dejan y han dicho que nos prestarán más, porque se fían de nosotros y de nuestra capacidad de devolvérselo, más intereses.

De jóvenes nos repartían aquellas huchas del Domund con las que recoger limosnas para los niños chinos, indios y africanos, y ahora resulta que financiamos la construcción de nuevas escuelas y pagamos a los maestros con el dinero que nos mandan los chinos. Las vueltas que da la vida.

Con los préstamos chinos formaremos a licenciados y profesionales muy preparados y en paro para que luego se vayan a trabajar fuera, a Alemania por ejemplo, donde estiman mejor la valía de quienes aquí corren el riesgo de sentirse desechos sociales, desarraigados que no saben para qué tuvieron que aprender tanto, si luego sólo compiten con peones de carga. Ahí está la diferencia de unos y otros. Alemania es Alemania, y nosotros, la España de los desarraigos, no juega ni en regional preferente.

Alemania nos ha visto venir, y China también. Son gente seria, que van a lo suyo y por lo directo. Nada de propaganda y retórica. China nos trae comerciantes chinos que compran o alquilan las plantas bajas de nuestros pueblos y ciudades para vendernos todo lo que, al parecer, ya no existía entre nosotros. Luego nos presta dinero para que, entre otras cosas, hagamos planes gubernamentales que tienen por objeto cambiar una vez más las aceras de las calles, para hacernos más fácil el trayecto cotidiano hasta las tiendas de los chinos. Usar y tirar para volver a comprar. Hacen caja por partida doble.

El vicepresidente chino debió irse sorprendido cuando lo tratamos de rey mago, porque los reyes magos llevaban regalos y él solo nos prometió más préstamos, nada de regalos. Veremos al final cómo los pagamos, porque aquí nos gastamos el jornal en los bazares chinos, que nos traen el género de China, y los que tendrían que poner en marcha aquí nuevas fábricas, recargar la imaginación e inventar nuevas actividades productivas, se van a Alemania. Y encima hay que darles las gracias a chinos y alemanes.