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Para gestionar bien una materia se supone que hay que conocerla. Al menos es algo recomendable. Gestionar algo en la distancia complica la comprensión del asunto. Lógico.
Además se supone que un ministerio tiene muchas cosas en las que pensar.
Comprensible. Pese a todo lo dicho, que ahora, en marzo de 2011, el Ministerio de Fomento admita, reconozca, asuma, comprenda, que el sistema actual de transporte aéreo no es el óptimo para los residentes de las islas menores, sobre todo en invierno es, como mínimo, un pequeño insulto a la dignidad de los menorquines. Más clamoroso es el asunto cuando quien demuestra desconocimiento, con más o menos sinceridad, es un mandatario de proximidad, véase alcalde o conseller. Los discursos triunfalistas que se pronunciaron en la colocación de la primera piedra del nuevo colegio de Maó indignan a cualquier persona que palpe a diario la realidad de las escuelas del municipio. Ellos venden la moto, pero solo la compra quien desconoce la realidad o carece de sentido crítico. Porque la realidad es que el colegio en cuestión está anunciado desde 2004, que hay decenas de barracones repartidos por los patios de los centros, que grupos de niños de cuatro años tienen hasta 27 alumnos por aula... O viven en los mundos de Yupi o actúan solo por un puñado de votos. Aquí y en Madrid.