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No hay manera de poder dormir tranquilo pensando en lo que estamos comiendo o en la comida que les ponemos en la mesa a nuestros hijos.

Hace unos años, aquí en la zona centro, Madrid, San Fernando de Henares, Torrejón, Alcalá, unos desaprensivos por lucrarse, estuvieron vendiendo en los mercadillos aceite de colza. El resultado es de todos conocido, fue la catástrofe más grande en víctimas mortales y en afectados de diversa consideración, por culpa de un producto alimenticio en España. Como somos incapaces los humanos de resistirnos al choriceo siempre por culpa de algún desaprensivo, hemos seguido con la penuria de ir de sobresalto en sobresalto: lo de "las vacas locas" que tampoco fue una cosa pequeña; más tarde lo de los pollos y la gripe asiática; entre medias lo de los cerdos y las ovejas. Con tantos reveses hacia la carne no nos quedó otra que pasarnos a la alimentación ictiófaga (1) hasta que un día nos dijeron que los peces tienen anisakis, un parásito a medio camino entre lo malo y lo peor, que nos está obligando a congelar el pescado antes de procesarlo en la cocina. Tampoco nos estamos liberando de las carnes adulteradas por cosas como el clembuterol. Resulta que te pones a freír un filete de ternera o de cerdito, y se te llena la sartén de agua, acabando más por cocerlo que por freírlo.

Pero nos faltaba lo de los pepinos. ¡Hombre!, ¿pero a dónde vamos? O sea, un suponer, que picas un tomate, unas hojas de lechuga y se te ocurre arrimarle un pepino para ponerle a la familia la ensalada de toda la vida, y en Alemania por lo menos, puedes mandar a la familia al hospital. De momento son los causantes de 10 muertos y no sé cuántos hospitalizados con diarreas sangrantes de diversa consideración. Pero aparte de esto, podría ser que los alemanes se hubieran precipitado, repito, podría ser, en culpar a los pepinos de la bacteria criminal que llevan encima por el origen de los mismos, sin averiguar si la variante de la bacteria Escherichia coli enterohemorrágica (EHEC) la llevan desde origen o se han contaminado por el camino, incluso en la misma Alemania. El caso es que como el miedo es muy volátil, Alemania ha dejado de comprar pepinos españoles, berenjenas y otras hortalizas. Al rebufo, han hecho lo mismo Austria, República Checa y Francia. Y de no encontrar pronto el origen, hará lo mismo el resto de Europa. Fíjense si resulta que los pepinos españoles no salen contaminados de España. Imaginen el daño que se habrá hecho a la horticultura española.

Me recuerdo de un famoso restaurante junto a la nacional II en San Fernando de Henares, a escasos kilómetros de Madrid, restaurante al que llaman "La Casa de las Chuletas". Como he comido en él varias veces, les digo que tiene varios comedores capaces para aposentar cada uno de ellos a más de 300 personas. Sus comedores se llenaban en busca de su plato estrella, las chuletillas de cordero, hasta que alguien (se dijo luego que de la competencia) hizo correr el bulo que buena parte de aquellas chuletas eran de perro. Los antes atiborrados comedores, quedaron en cuestión de días completamente vacíos. Creo que llegó por orden gobernativa a precintarse el local. Cuando se deshizo el bulo, se tardó meses y meses en volver a tener una clientela aceptable, aunque ya nunca más como la que un día tuvo.

Literalmente les digo que es imposible confundir una chuleta de cordero con una de perro. (Como es también imposible confundir gato por conejo o por liebre. Primero por la enorme diferencia de sabor, y segundo, y sobre todo, porque las costillas del gato son de hueso redondeado y las del conejo o liebre son de hueso plano de manera que no hay ni siquiera que probar, basta con mirar.) Pero la gente se lo creyó ayudados por la prensa que propagó el infundio, haciéndose eco de testimonios de personas que engrosaron la madeja con declaraciones completamente absurdas. El caso es que el daño que causaron al respetable, y por otra parte estupendo restaurante, fue terrible. Al igual que el daño que ya se ha causado con el pepino a los productos de la huerta española. En cualquier caso, sean pepinos contaminados en España, en Alemania o "en las quintaschimbambas", sí me parece un síntoma altamente preocupante de que algo se está haciendo muy mal, cuando hemos llegado al punto que por comer un simple pepino te puedes ir por la pata abajo primero, luego lo del sangrado, para acabar finalmente yendo a parar al "huerto de los callaós".

No tengo más remedio que decirles que no va a ser lo último que nos pase. La pregunta es ¿qué será lo próximo?

(1) Alimentación ictiófaga. Dícese de aquellos seres que se nutren básicamente de pescado, por ejemplo la nutria.