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Antes de las elecciones del 22 de marzo, el señor Camps, don Francisco, lo señalaba la justicia simplemente como imputado. Cuatro meses más tarde, ya no estaba imputado, si no pendiente de un juicio oral que, en puridad, sigue teniendo pendiente, por más que ahora su situación política ha cambiado al haber presentado su dimisión como presidente de la Generalitat Valenciana. Dimisión que, por cierto, no ha sido rechazada por la dirección del PP, si no más bien todo lo contrario porque lo de Camps era para el PP insostenible.

De este último (por ahora) episodio de los trajes del señor Camps, se han dado puntuales aconteceres que a poco que uno se detenga en el análisis, resultan cuanto menos sorprendentes. En primer lugar, de las cuatro personas que estaban pendientes de presentarse ante el juez para reconocer su culpa en el tema de los trajes, pagar luego la multa y así evitar el oneroso tránsito de ser juzgado, dos firmaron el acta y otros dos no, con lo cual esta componenda legal queda desbaratada teniendo que ir a juicio los cuatro.
Camps optó por no firmar igual que hizo el señor Costa, y dimitir. La verdad es que reconocer los hechos dejaba a Camps con el culo al aire porque eso llevaba implícito reconocer, muy a su pesar, haber mentido. De manera que sólo le quedaba sentarse en el banquillo, dicen también que ante un juez y un jurado popular y ver si la defensa convence al juez. Lo malo de todo ese pegajoso sofrito de presuntas corrupciones es si lo de los trajes acaba finalmente por juntarse con el tema Gürtel.

Un feo, pero que muy feo asunto, lo de Gürtel, por el que ya han pagado políticamente unos 20 cargos del PP, de manera que lo de los trajes puede que incluso acabe siendo lo de menor cuantía presuntamente delictiva. Un asunto, en cualquier caso, simplemente hablando de los trajes, huérfano de la dignidad política exigible en quien ocupa un alto cargo público, si es que realmente fueron regalos que les iban cayendo como le caía a Moisés el maná en el desierto.

¿Cuál ha sido la razón verdadera por la que Camps ha dimitido?, ¿la reticencia a firmar el acta de la aceptación de delito de cohecho pasivo por parte de Ricardo Costa puede haber tenido algo que ver?, ¿qué influencia puede tener en el futuro juicio del señor Camps el hecho de que el señor Víctor Campos y Rafael Betorel sí firmaran el acta y por tanto el reconocimiento de este tema de los trajes?

"No podrán demostrar nada porque no hay nada" dijo. Ciertamente hasta que un juez no diga lo contrario, Camps tiene todo el derecho del mundo a la presunción de inocencia, pero algunas cosas ya no tienen remedio. Esos cambios de opinión, incluso en miembros de su propio partido, cuando alguno/a ha dicho "a todos los políticos les hacen regalos" en vez de decir "Camps es inocente". Y es que a veces, cuando se mete la pata, para sacar la pata se acaba metiendo ésta hasta el corvejón.

Además supongo que un juez no se decide a encaminar una acusación hacia un juicio oral sin tener la base jurídica sólida de unos hecho, a su juicio, por lo menos lo bastante significativos para modificar la situación de imputado en algo bastante más grave, cual es ahora la situación del señor Camps y los otros tres políticos valencianos.

Por otro lado, hay que decir que lo de los dichosos trajes puede que no sea exactamente como lo cuenta González Pons, siempre el hombre tan dispuesto en esa industria de arrimar el ascua a su sardina: "por tres trajes que no le han regalado, Camps ha presentado la dimisión", ha dicho González Pons. ¡Hombre!, que no le han regalado puede ser tan cierto como no serlo, eso ya lo decidirá un juez, pero, por puntualizar, según el diario "El País" 21 de julio 2011, no son tres trajes señor Pons, sino 12 trajes, 4 americanas, 5 pares de zapatos y 4 corbatas. En cualquier caso, comparándolo con otros hechos, una nimiedad que le está saliendo a Camps desde hace más de dos años, más caro que si se hubiera comprado la sastrería entera. Y si el único problema doloso por el que la justicia le ha tomado interés es el de los trajes, convendremos que por culpa de algunas personas ("amiguito del alma" y aquello de "te quiero un huevo"), Camps está pagando más que algunos que a lo mejor se pasean por ahí con un caro y lujoso cochazo de los que dan, no para una docena de trajes, si no para una sastrería entera en la Gran Vía y de buena firma. Cochazo que por igual procedimiento que presuntamente consiguió los trajes el señor Camps, se ha conseguido sin que éstas sean las horas de pagar factura ninguna, ni política ni socialmente.

De cualquier manera, en un sentido o en otro, presiento que en lo de los trajes de Camps queda aún mucha tela por cortar.

A propósito de algunas cosas que dijo Camps en su presentación de despedida, me llama la atención eso de: "me sacrifico por Rajoy y por España". ¡No fotis!, los "salvapatrias" que lo van pregonando, sobre todo cuando se sienten en apuros, nunca han sido santos de mis devociones, ni de izquierdas ni de derechas. Hay miles de personas que tan dignas como el más digno de los presidentes, trabajan por lo menos tanto como cualquier presidente y aman a España tanto como cualquier presidente, y jamás lo airean buscando la complicidad favorable de otros españoles. En esto, como en otras cosas, me quedo en lo que se hace y se calla y no en lo que se dice. Y las más de las veces, o no se ha hecho nunca o no se hace, o si se hace es muy discutible el cómo y el por qué se ha hecho.