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Los debates teóricos no suelen ser ajenos a cuestiones personales y de convivencia. Pongamos por caso la discusión apasionada sobre el nombre oficial de la ciudad de Maó (antes Mahón) convertida recientemente en "tema del momento" en Twitter. Afortunadamente, gracias a los adelantos modernos, hoy puede opinar cualquiera sobre cualquier cosa, a cualquier hora del día o de la noche. En el debate participan los independentistas que solo admiten una lengua…y los nostálgicos que solo admiten la otra.

José Antonio Labordeta, aquel aragonés que se pateó el país con su mochila, cantaba con voz recia: "Habrá un día en que todos, al levantar la vista, veremos una tierra que ponga Libertad." Bonito topónimo sería ese, para un país imaginario.

No hay que hacer de ninguna lengua sinónimo de intolerancia, porque entonces los argumentos dejan de ser lingüísticos (o razonables) y entramos de lleno en el terreno de la discusión bizantina. Hablar para no entenderse.

Cultivemos el correcto uso, difusión y conocimiento de ambas lenguas. Y en lugar de verlas como enemigas, considerémoslas como vecinas bien avenidas; antiguas compañeras de azarosos viajes; incluso familiares cercanas por parte de padre (un tal "Latín"). ¿A quién le pueden interesar los estériles enfrentamientos? ¿Es que siempre se tiene que repetir la historia?

El antónimo de catalán no es castellano: en todo caso, es ignorancia...Cuando pretendemos expresarnos en un catalán estándar o literario, hay que hacerles caso a los académicos y estudiosos cualificados (como se acude a la RAE con el castellano). Porque no queremos ser considerados paletos en ningún idioma… Pero en fin, como diría James Joyce: si no podemos cambiar el mundo, cambiemos de conversación…

Mientras ya hemos llegado a los 7.000 millones de habitantes y el globo terráqueo parece a punto de estallar, en este rincón del planeta nos planteamos cada día qué pasará mañana.

Una de las noticias largamente anheladas, que ha coincidido con la campaña electoral, ha sido el anuncio del abandono definitivo de las armas por parte de ETA.

El tinglado terrorista está arruinado policial y económicamente (la crisis afecta a todo el mundo), pero una vez su entorno ha conseguido entrar en las instituciones a través de la marca Bildu, pueden llegar a pensar que se están acercando a su objetivo. Así que anuncian que lo dejan sin mostrar arrepentimiento, sin consideración alguna hacia las víctimas, sin entrega incondicional de las armas. Con unas elecciones a la vuelta de la esquina, donde esperan que sus representantes vuelvan a dar la campanada. Para exigir luego, con proclamas unilaterales, una solución de lo que llaman eufemísticamente "el conflicto vasco"…

Pero cuanta más embalada cojan las pretensiones independentistas, más fuerte se van a dar contra el muro del artículo segundo de la Constitución.