TW
0

En una decisión inesperada, casi bajo cuerda, sin explicaciones, cuando está a punto de terminar su mandato y en contra del Tribunal Supremo, el Gobierno ha indultado al banquero Alfredo Sáenz de la pena de prisión, lo que le permitirá seguir al frente de Banesto.

Si el Partido Socialista que, de momento, dirige Zapatero y al que pretende tutelar en su transición, no debiera dinero al grupo Santander del que forma parte Banesto, no se habrían suscitado tantas suspicacias. Pero se da la circunstancia que la potestad de conceder indultos, que es propia del Gobierno, es muy restrictiva y se utiliza en contadas ocasiones. De ahí el asombro por esta decisión fuera de plazo para salvar la honorabilidad de un banquero que, por su nivel salarial, es el quinto del mundo y que con esta medida de gracia podrá seguir al frente de la entidad y cobrando tan suculentos emolumentos. Más que una medida de gracia es un favor impagable a alguien que no parece necesitarlo para vivir.

A escasas semanas de dejar el poder ante el ansia por utilizar esta medida de gracia seguro que en los centros penitenciarios el ministerio de Justicia habría encontrado algún condenado que había cometido el delito empujado por unas necesidades económicas que el Sr. Sáenz no podría ni siquiera sospechar.

El banquero acusó falsamente a unos acreedores de Banesto siendo presidente de la entidad, por eso la asociación de Jueces para la Democracia, disconforme con el indulto, alega que al no haber explicación por parte del Gobierno sobre las razones para el indulto este comporta una cierta arbitrariedad.

No estaba condenado a una larga condena, solo a tres meses de arresto, pero llevaba aparejado la inhabilitación para ejercer y ahí estaba el meollo de la cuestión. Y también la cuestión ética. ¿Puede presidir una de las principales entidades bancarias de este país, en medio de la crisis financiera que atraviesa la eurozona, alguien que es capaz de lanzar falsas acusaciones?

Otra explicación, no menos atinada e inquietante, es la de que este indulto es el último favor de Rodríguez Zapatero a Botín que ha sido, durante las dos legislaturas, su banquero de cabecera frente a Francisco González, presidente del BBVA, vetado en Moncloa por viejos rencores de Miguel Sebastián.