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Mi fe en el pacto del espíritu navideño del Ayuntamiento de Maó ha durado una horas. Uno, que es así de simple, no entiende las cosas a medias. Es decir, no se comprende que Salvador Botella y Vicenç Tur se den arrumacos y apretones de manos sonrientes el martes, con un lote de buenos propósitos y predisposición al entendimiento, y que al cabo de dos días el equipo de gobierno saque a relucir unas cajas sin embalar del plan del acantilado, una especie de regalos de Nochebuena olvidados, que utiliza para zurrar de nuevo a sus antecesores, una acusación ante la cual Tur dijo sentirse sorprendido y molesto, incluso como si le viniera totalmente de nuevo. ¿Hay o no hay buen rollo en el Consistorio? ¿O es un buen rollo parcial, como si su cuñado le cayera bien en la mesa de la comida de Navidad pero no si se lo encuentra en el bar?. Extraño, cuanto menos, y desconcertante a todas luces (navideñas). Lo del PGOU es más previsible. El flagrante error del PSOE, más allá de tecnicismos solo para iniciados, fue no cerrar el pasado mandato con el documento aprobado. Tiempo tuvo. Ha sido de tal magnitud la demora en la tramitación que es de sentido común revisarlo, y más con la que ha caído desde que se redactó. El mundo ya no es el mismo. Cambia a gran velocidad, mientras que la burocracia administrativa continúa al "tran-tran" y los documentos permanecen quietos. Algunos en cajas que, al parecer, no entienden de pactos.