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La Diada de Balears no cuaja. Justo es reconocer que algunos de los actos organizados en la Isla han tenido buena respuesta y se pueden considerar magníficas ideas, como rendir un más que justo baño de masas al gran Joan Pons o dar con el modo de acercar a un buen puñado de jóvenes a los museos. Pero lo otro... Los caballos siempre triunfan. Son tan bellos espectáculos que reúnen a centenares de aficionados se organicen cuando se organicen. Los coches antiguos también despiertan atención. El PSM criticó que se les pagara la comida a conductor y copiloto, quizá con cierta razón pero en cualquier caso con una pizca de amnesia, ya que para comidas a costa del erario público las del carpaccio de langosta de sus antiguos socios de gobierno. Al menos estos ponen el vehículo en perfecto estado de revista, que algo les cuesta. El resto de actos poco o nada tienen que ver con la identidad balear, su historia o su personalidad. La fórmula de los tenderetes en el centro de la ciudad, con productos de la tierra y artesanías varias, se está empezando a utilizar ya con una frecuencia algo cansina. No está mal, pero todo llega a empalagar. Se entiende que es algo económico y socorrido, pero también es redundante y poco imaginativo. Sin duda, la cita estrella absoluta del puente ha sido la Feria de los Stocks. Artículos a precios recortados para economías domésticas castigadas. Llenazo. Y además, esto sí que tiene algo más que ver con la Comunidad Autónoma.