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Hay amigos que se alegran de mi vuelta a la política. No he vuelto, nunca me fui. Solo he hecho un recorrido en solitario después de pertenecer a un colectivo orgánico cultural. Nunca fui, y menos ahora con mi pobre jubilación, un profesional de la política. Las cosas claras, como el agua en un vaso de cristal transparente. Fui militante, jamás funcionario de organizaciones. ¡Cuánto me acuerdo de mi amigo Josep Verdura!

Gore Vidal solía decir que en EEUU solo había dos partidos políticos, el conservador y el reaccionario. Es lo que nos vamos a encontrar en nuestro país y en Europa. En pocos años hemos olvidado las lecciones de la Historia, que analizo desde mi visión de conflictos de clases.

Hemos desperdiciado años en que disponíamos de oportunidades para potenciar las organizaciones sociales, para armarnos de razones y crear nuevos movimientos más eficaces, creativos y participativos. Recuerdo a muchos que dejaron de ser peones para convertirse en trabajadores con un buen poder económico, con capacidad de negociar mejoras en sus condiciones de trabajo y de salario. Todos se beneficiaban de aquel periodo, ya que una población más próspera favorecía el mercado y los nuevos negocios. ¿Cuáles eran los códigos éticos? Nada importaba, todos aceptaban el estado de las cosas.

Nadie se quejaba de que directivos, cargos de confianzas, o excargos públicos ganasen veinte o cien veces más que el salario mínimo. Sentía que esas cosas más pronto que tarde explotarían.

No espero ningún cambio a corto plazo, pero tengo claro que la alianza entre el poder financiero y las estructuras que lo han configurado, no durará muchos años. En cualquier momento, y donde nadie se lo espere, pero sí en un país desarrollado, se abrirán nuevas vías de transformaciones económicas y sociales.

Hace unos años el sociólogo Manuel Castell escribía sobre la crisis en nuestro país y se preguntaba: "¿Y si no hubiera salida?". Señalaba el fracaso de las políticas tradicionales keynesianas. Y volvía a preguntarse: "¿ Y ahora qué?".

Lo primero que hacen los políticos del PP desde el gobierno es bajar los salarios en el sector público y hacer recortes en todos los servicios sociales provocando un cabreo entre trabajadores y usuarios. Es miserable cobrar diez euros por una tarjeta sanitaria.

Se han derrochado y robado cientos de millones de euros a causa de esos corruptos políticos que han arruinado al país. En Balears todo empezó con el túnel de Sóller y se ha llegado hasta lo último con la maqueta de Calatrava. Ahora se dedican a culpar a los otros, y que los trabajadores y las capas sociales más necesitadas sean los pagadores de aquella nefasta política.

En estos momentos lo que más me preocupa es el miedo que intentan inculcar a través de los medios. Todo es para inmovilizar a miles de ciudadanos. ¿Qué perder?. Y sigo con Manuel Castell: "Lo utópico y peligroso es empeñarse en restaurar un capitalismo financiero virtual que agotó su curso histórico".

Por mi parte, sigo leyendo a Adam Schaff , el de "¿Qué futuro nos aguarda?", y releyendo el "Panfleto desde el planeta de los simios" de Manolo Vázquez Montalbán; a Ágnes Heller de "Anatomía de la izquierda occidental", y "El mito de la sociedad organizada" de Jesús de Miguel, que me sirven para pensar , opinar y denunciar la tomadura de pelo que nos están imponiendo quienes nos gobiernan, ahora el PP.