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Los plenos del Consell son y han sido históricamente, salvo excepciones, un tostón. De hecho es un "sufrimiento" para los periodistas que se pasan unas horas en una sala vacía viendo a los consellers repitiendo argumentos debatidos previamente en los medios de comunicación, cruces de acusaciones, aprobando cosas ya presentadas o discutiendo sobre los derechos humanos en Siria (por poner un ejemplo). Luego, el redactor de turno se las ve y se las desea para encontrar un titular atractivo que de antemano sabe que no va a ser "Lo más leído" en la edición digital.

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Este retrato que a alguno le parecerá demasiado duro - lo siento pero me he tenido que tragar muchos a lo largo de mi carrera profesional y no soy precisamente un jovencito- quedó reflejado en el hecho de que el lunes se produjo una sesión paralela en la red social Twitter en la que participaron miembros del equipo de gobierno y de la oposición, alguno de los acólitos que estaban presentes y otros twitteros desde la distancia. Ante lo ocurrido y el tono subido que se llegó a alcanzar y que traspasó la categoría de anécdota, me asaltan varias dudas. ¿Se aburrían también los consellers? ¿No se atrevían a decirse las cosas a la cara? ¿Es una falta de respeto institucional estar más pendiente de los dispositivos móviles que de lo que pasaba en directo? Si esta "moda" se impone, yo lanzo una modesta propuesta: que la Corporación convoque plenos virtuales y así al menos nos ahorramos algún dinerillo.