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Pertenezco a una generación que, en los años setenta, tenía fácil identificar a las mujeres alemanas en las playas. Ellas solas se delataban nítidamente en las orillas del mar menorquín. Se las distinguía perfectamente. En aquellos tiempos, la cultura estética germánica no exigía mostrar un vello perfectamente depilado y/o rasurado. Muchas de aquellas féminas germanas, aunque pudieran ser físicamente muy guapas, se distinguían por lucir unos poblados sobacos y unas extremidades inferiores generosamente cubiertas por frondosas praderas. Algunas incluso a punto de siega. Y no tenían ningún tipo de complejos. Era su cultura.

En Punta Prima, por ejemplo, fuimos testigos elegidos de casos espectaculares. Nuestras mentes mediterráneas no podían comprender cómo se permitían tan laxa interpretación de lo que nosotros considerábamos un desvío, un debe, de "la feminidad".
En esta vida hay que tener mucha personalidad para presentarse tal y como uno es sin que importen las críticas y las maledicencias. Por ejemplo la Canciller Merkel lo hace. Dice lo que piensa y hace lo que cree.

El pueblo alemán siempre ha sido especial y diferente. Disciplina, orden, contención y esfuerzo son cuatro de las cualidades que adornan a ese pueblo y que lo diferencian de otros. Durante años lo frecuenté y baso por tanto mi admiración por ese país al haber comprobado "in situ" aquellas cualidades. También son evidentes sus capacidades para superar traumas históricos y su ambición por tender siempre al liderazgo. Es un pueblo afiliado a la ensoñación del "romanticismo" pero a la vez anclado en el esfuerzo que representa el ser realista. Una contradicción que en Alemania siempre ha funcionado bien aunque a veces ha fallado el no saber encontrar el punto medio de las cosas.

Algunas de sus características pueden haber provocado las dos guerras mundiales pero, al tiempo, han sido determinantes para la evolución y el progreso técnico de la Humanidad. Actualmente la nueva Alemania vuelve a protagonizar una nueva encrucijada histórica. Otra vez es la piedra de toque de Europa. Y otra vez vuelve a ser el problema y la solución.

Algunos acusan hoy a Alemania de excederse en una rigidez económica que les beneficia en tanto que perjudica a otros. Puede ser así. Pero todos se han ganado lo que tienen. Mientras unos aplicaron rigor y contención en los inicios de la crisis, otros no la admitieron hasta que las aguas les llegaron al cuello. En su ignorancia se creían inmunes. (¡Eso lo arreglamos en dos tardes! decían). Fácil filosofía latina frente a perspicacia y rigor luterano / reformista. Distintas formas de ver la vida, de ver la realidad y de saber predecir la conveniencia.

Mientras ahora unos pretenden salir del paso con la ayuda del dinero ajeno (que habrá que devolver), otros exigen que los ayudados rectifiquen y reformen lo que se ha de mostrado ser "un error, un inmenso error". Sensatez vs. despilfarro insostenible.

No hace tantos años la entonces denominada Alemania Occidental, la República Federal alemana (BRD) compró un país entero: la Alemania del Este (DDR). Un acto de capitalismo en estado puro. Para unos fue una simple compra, para otros se recompuso un cuerpo amputado por la guerra mundial (Yalta y Potsdam). Pero ¿no fue en el fondo una "anexión" económica?

Hoy también hay países en venta. Son los aspirantes a convertirse en "desahuciados merecidos". Sí, un país también puede venderse anímica y espiritualmente sin pasar por notaría. Lo hace cuando sus gobernantes y sus círculos sociales han cedido y han permitido errores constitucionales que lo dividen y debilitan, cuando la debilidad de unos gobernantes inútiles ha sido respaldada por un pueblo desinformado que se ha creído sus mentiras y no ha sabido reaccionar a tiempo. Ahora los que votaron despilfarro y ruina deberán pagar las consecuencias. Decía Goëthe: "Lo que habéis heredado de vuestros padres, volvedlo a ganar a pulso o no será vuestro".

Esperemos que todos los que nos han conducido a este final de ciclo (políticos, sindicalistas, banqueros, iluminados e insensatos varios, etc) sean denunciados y penados. En el pulso económico que vivimos esperamos que Alemania no se doblegue sino que sean otros los doblegados. Esperamos que gane Alemania. Será su mejor aportación para forzarnos a depurarnos y conseguir unos Estados Unidos de Europa limpios de parásitos, politicastros y meapilas.

Nota:
- Días muy tristes para el basket menorquín.