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La Maru es la madre de mi amigo el del "tipi" (tienda india). La Maru vive en Santa Coloma de Gramenet, tiene 85 años, y está muy indignada.

Soy consciente del medio en el que escribo, y respeto sin fisuras a los lectores del mismo, por lo cual intento no usar el vocabulario de forma gratuita. Pero las palabras por sí mismas no deberían escandalizar: no se le debe tener miedo a la opinión franca y sincera acompañada de argumentos y de alternativas. Valoro lo distinto porque sin crítica no hay progreso, sin la duda no habría evolución, sin el compromiso no existirían los cambios, y sin cambios todavía existiría, por ejemplo, la esclavitud. Y además la Maru, la madre de mi amigo el del "tipi", se ha indignado.

La Maru es una mujer fuerte, que ha criado tres hijos, que ha visto fallecer a su marido, que ha trabajado toda su vida cosiendo hasta llagar sus dedos para ayudar a su familia. Es decir, ha cumplido, y sigue cumpliendo con creces, con lo que ella cree que son sus obligaciones. No hay reproches.

La Maru es una mujer de carácter, de temperamento, pero no se olvida del humor, de la sonrisa, de la tertulia y el abrazo. Reúne a un buen número de amigos alrededor de su delicioso plato de migas con chorizo y se hace respetar, se hace querer.

La Maru se enganchó a Telecinco. Estuvo durante años siguiendo las aventuras y desventuras de los monstruos mediáticos que la habitan. Supongo que Belén Esteban y todo su circo de penosos personajillos la ayudaban a pasar la tarde navegando en automático y de esta forma ahorraba la energía que después derrochaba a raudales, como tantas madres, para pelear por los suyos.

La Maru imaginaba un mundo donde sus tres hijos y su nieta tuvieran la vida un poco más fácil de lo que ella la había tenido, y metida ya en lo que llaman la tercera edad, vivía más o menos relajada con sus ratos de televisión.

Pero viendo la que nos están tirando encima la Maru se ha indignado: ha cambiado Telecinco por las tertulias políticas, sigue la actualidad de forma rabiosa y comprueba cómo los que mandan castigan y humillan a los que, como ella, han trabajado toda su vida.

Así que un día la Maru llamó a mi amigo el del "tipi" y le dijo: "¿Sabes qué, hijo? ¡Que se jodan ellos!".

Y qué quieren que les diga, queridos lectores, me parece que la Maru utilizó el lenguaje de la manera más correcta y oportuna posible. Porque cuando se trata de defender nuestra dignidad debemos decir las cosas de forma clara y directa -aunque tengo serias dudas, dada la torpeza y prepotencia de nuestra casta política, de nuestros banqueros y de los crueles especuladores, de que los receptores del mensaje se den por aludidos-.
Ya dijo alguien: "Estar indignado y no demostrarlo, es como no estarlo". Y yo les aseguro que la Maru lo está. Y como está cargada de razones le mando un beso y le digo que yo estoy con ella, mientras comparto un café con hielo con su hijo, ya saben, mi amigo el del "tipi".