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Prefiero estar encarcelado porque esto no es libertad". Cuando "esto" incluye vivir comiendo bocadillos, "pidiendo un euro a unos y a otros en el barrio", sin techo, sin dinero y sin trabajo, la frase inicial resume bien la desesperanza en la que se encuentran muchas personas en estos tiempos. De nada vale el optimismo en formato de charlas o enlatado en libros de autoayuda; ni siquiera apelar al cambio y a todo lo positivo que puede traer una crisis.

Porque la frase en cuestión no corresponde a ningún filósofo, sino al exempresario que hace unos días se convirtió en falso atracador de bancos en Málaga, con la idea de acabar entre rejas y vivir mejor. "Me dan mis tres o cuatro comidas diarias, tengo la opción de estudiar, incluso de trabajar dentro y al salir, me queda la ayuda esa penitenciaria con la que buscarme la vida y salir del bache", ese era su testimonio en los medios tras ser detenido.

El plan, pasarse a la sombra los años que dure esto, que ni siquiera dio resultado, porque ni robó ni hizo daño a nadie, así que sigue en la calle, pendiente de pagar una multa de 180 euros. "Lo digo en serio, no vengo a robar sino a que me lleve la Policía", dicen que dijo durante el atraco.

Una historia digna de un guión y que puede arrancar alguna sonrisa, por rocambolesca, pero que ilustra muy bien que la libertad se puede perder de muchas maneras. Una de ellas cuando te despojan de los medios mínimos para conseguir una vida digna.