TW
0

Ya sabemos todos que el Papa, en su último libro "La infancia de Jesús", entre otras cosas, viene a advertirnos de que en el pesebre donde nació Jesús no había mula ni buey. Esta manifestación algo extraña y a un mes de la Navidad se asemeja a esas noticias que suelen aparecer sobre determinados personajes previos a unas elecciones. No obstante no hay que ver maldad en este intento de aniquilación animal y, si me apuran, yo no dudaría ni de la estrella que, como se nos ha dicho siempre, guió a los Reyes Magos hasta el pesebre y dejaría a un lado otras explicaciones en manos de los astrónomos, para otro momento, porque, también en el caso que nos ocupa, al no hablar el Papa ex cátedra sino solo novelísticamente, afirmar que el pescado está algo pasado cuando los comensales están a punto de sentarse a la mesa, es algo desafortunado, fuera del tiempo. Mi consejo, como amante de los animales y de las tradiciones, es que sigan ustedes montando sus belenes con sus rollizas mulas y bueyes de siempre y que no va a ser ni pecata minuta el hacerlo. Personalmente pienso que si José y María llegaron al pesebre sobre una mula, qué mejor forma de dar calor echando mano de lo que se tiene y más en una región agrícola y pastoril por excelencia donde, por entonces, no se había inventado todavía la manta eléctrica ni las estufas. Otros belenes que se nos montan en otros lugares y más allá de nuestras fronteras sí que me preocupan, y mulos, lo que se dice mulos, dando coces a troche y moche, de esos sí que los hay, esos sí que son para tener en cuenta. Lo demás, creer o no creer.