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Disfruté en la entrega de los premios Protagonistes de la Vida Menorquina. No por la cena, que estaba rica, ni por el ambiente, que era excelente, ni por la buena compañía, ni por la espectacular voz de Olga Román, sino por la humanidad de los premiados. La verdad es que todos merecían un reconocimiento, en una sociedad aletargada, que busca referentes o una gota de optimismo. El éxito de algunos (Sergio Llull, Joan Pons, Albert Torres) es, en parte, el nuestro. El ejemplo de esfuerzo de Binipreu, la BTT y el triatlón de Fornells, son apuestas por nuevas actividades económicas. El empuje de Jordi Moya y Sine Dolore. La generosidad intelectual de Gabriel Julià. La emoción que cada uno de ellos expresó por el premio fue un regalo para los organizadores.

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Quien me impresionó más fue sor Demetria. Cuando le comuniqué que 'Es Diari' había decidido concederle el premio de Protagonista por su labor social, su primera reacción fue rechazarlo, que no lo quería, porque no lo merecía. Tuve que convencerla, con la ayuda de sor Amor, para que aceptara. A sus 91 años tiene las ideas cada vez más claras. Es un ejemplo de la fortaleza de las convicciones, lo que le transfiere la templanza para seguir estando todos los miércoles repartiendo comida a los más necesitados, junto a las voluntarias de San Vicente de Paúl. Después de notificarle el premio, muchas personas se sumaron a la cena para rendirle homenaje. Sin duda, esa noche, Sor Demetria se sintió muy querida, a pesar de la incomodidad de sentirse protagonista. Por eso su discurso fue el más breve y quiso desviar a otros los aplausos. La noche de la víspera de Sant Antoni recibió una parte muy pequeña de lo que ha dado durante su vida. Pero lo mejor de todo es que ella lo ha dado sin esperar nada a cambio. Y por eso, lleva en su maleta mucho más que un simple premio.