TW
0

La estupidez que supuso abrir el baúl de las cosas viejas para recuperar el certificado de residente para poder disfrutar de la bonificación en los viajes ha durado algo más de medio año. Las compañías ya han puesto en marcha sistemas más racionales, sin papelillos de por medio, para confirmar que el pasajero no es un estafador, una presunción de culpabilidad que durante este tiempo hemos tenido que soportar en boca de los mandatarios que impulsaron semejante tontería. Y uno se pregunta, ¿la situación anterior a la resurrección del certificado de residente era tan gravemente insostenible que no permitía prolongarla durante seis meses más, a la espera de aplicar el sistema idóneo que al final se acaba aplicando? Entre medias, algunos han pagado por la emisión de certificados, los ayuntamientos se han esforzado por atender bien a sus contribuyentes e incluso los han emitido en un tamaño adaptado a carteras, algún despistado se ha llevado un disgusto al presentarse al embarque sin el certificado, las altas de las carpetas ciudadanas telemáticas se han multiplicado y todos hemos tenido algo más de lo que hablar. Ahora es el momento, no obstante, de pasar cuentas, y que desde el Ministerio de Fomento nos expliquen qué cantidad de dinero ha dejado de pasar a manos de viajeros mafiosos abusones en este medio año, y si esta cantidad compensa el esfuerzo realizado por compañías, ayuntamientos y ciudadanos. Es decir, de qué ha servido realmente este teatrillo, una obra mala de la cual ahora baja el telón. Pronto el certificado volverá a desaparecer del todo. Otro cambio, otro bandazo que es la confirmación de otra decisión mal tomada en transporte aéreo que no ha servido más que para enredar. A este paso, a los menorquines residentes bien nos pueden dar un merecido, esta vez sí, certificado de penitente.