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Es curioso como un titular puede interpelar de manera directa en un momento determinado. Leo la información de la edición de ayer titulada "El decreto de lenguas trastoca el fin de curso en los centros" y automáticamente la conecto con la reunión a la que asistí este martes. Entre otras cuestiones, se informó sobre cómo ha pensado aplicar el equipo educativo del 'Mare de Déu de Gràcia' el TIL (Tratamiento Integral de Lenguas). Lo ha pensado tan bien, pese a las dudas que el decreto suscita y a la premura injustificada con la que se está abordando su aplicación, que el primer borrador presentado en la reunión cuenta con el visto bueno de la Conselleria de Educación. Esto no impidió que la insatisfacción campase a sus anchas en esa nutrida asamblea de padres. Si los gestos cuentan, el semblante y la mirada de la directora del centro lo explicaban todo: las incertidumbres, el desconcierto, el cansancio, la preocupación...Las cosas, aunque el fin sea loable, no pueden hacerse tan mal y esa era la impresión que flotaba en el ambiente.

Que la competitividad económica y profesional pasa por la lengua de Shakespeare es indudable, por lo que es difícil encontrar a alguien que se oponga a un mayor peso del inglés en el currículo escolar (incluso hay quien pasaría al chino directamente). Pero de ahí a perseguir ese objetivo por encima de cualquier cosa va un mundo. Y esto es precisamente lo que se está haciendo.

Da la sensación de que alguien -los políticos- quiere empezar el próximo curso poniéndose la medalla de que las Illes Balearss son "lo más" en trilingüismo, el TIL es, por tanto, perfectamente factible desde su visión "cortoplacista". Ahora, como, paradójicamente, los recursos en la "educación sobredimensionada" de la consellera Juana Maria Camps distan de ser los idóneos, el propio Govern establece en el decreto un mecanismo para salvar el escollo y que éste se aplique aunque no sea con el modelo 33%-33%-33% . El mecanismo pasa por la propuesta del equipo educativo y la aprobación de los padres, de manera que si en el futuro hay quejas, el Govern siempre podrá decir que "su" decreto estaba bien y que el error es del centro, y de los padres que apoyaron su propuesta para aplicarlo. Podrá decir también que ha cumplido con las promesas electorales que, con su voto, refrendaron una mayoría de los baleares. Pero ni las medallas así obtenidas ni las promesas cumplidas de esta manera es lo que esperaban padres y profesores.

Quien educa y enseña -lo hacen, lo deberían hacer, unos y otros- sabe que el corto plazo no es determinante. La educación no es un sprint sino un maratón y quienes se dedican "profesionalmente" a ella no improvisan. En los colegios e institutos se piensan, debaten y consensuan los valores que se quieren transmitir al alumnado; se plasman en un proyecto educativo que orienta el desarrollo del currículo y la organización de actividades diversas; se lucha con las estrecheces, la desmotivación creciente y el vertiginoso cambio tecnológico; se evalúa y se vuelve a empezar con la vista puesta en la mejora continua y en el rescate de la ilusión innata (y asfixiada) de niños y jóvenes. Y todo esto se lleva a cabo pese a las cambiantes políticas educativas, unas políticas lastradas históricamente en nuestro país por una irresponsable falta de asepsia y de consenso (ahí está el PSIB-PSOE avanzando que eliminará el TIL cuando gobierne).

Ahora es el TIL y la Ley Wert, mañana quién sabe. Lo que está claro es que en esa asamblea de padres, en tantas que se estarán celebrando estos días, todo esto, pensado y expresado de una manera más o menos elaborada, está en el ánimo de quienes asisten y de quienes no lo hacen, unos y otros hastiados de polémicas a principio, mitad y final de curso, abrumados por los pésimos puestos que ocupamos en los rankings de calidad educativa y desesperanzados ante la incapacidad de nuestros gobernantes de gestionar con solvencia lo que de verdad importa.